06 mayo 2014

Somos mucho, muchísimo más que un cuerpo.

Hace unos meses participé en un roleplay (que recomiendo incluir en todas las clases de preparación al parto), como vía para contactar con el bebé que fuimos y ayudarnos a empatizar con el bebé real que en breve vamos a tener en nuestros brazos.
El ejercicio se hacía por parejas y consistía en representar el baño de un bebé, alternando los roles de bebé y cuidador para tener las dos experiencias.
Aún recuerdo la vulnerabilidad que sentí mientras estaba en la piel del bebé. Aún percibiendo la buena voluntad de mi cuidadora, me sentí como un títere. Me inquietaba su silencio, me faltaban sus palabras. No sabía que estaba sucediendo, ni que iba a venir a continuación. Me sentí expuesta y ansiosa. Necesitaba calidez y calma para poder expresar mi incomodidad por unas manos que sentía demasiado frías, por un toque demasiado brusco. Me faltó con-tacto.
Después de pasar por la vivencia me inundó una gran compasión por los recién nacidos y la certeza de que nunca, nunca, nunca somos demasiado amorosos ni demasiado cuidadosos ante un bebé. Un ser humano con sus sentidos recién estrenados, abierto y receptivo, totalmente dependiente de nuestros cuidados y nuestra presencia empática para comprender el mundo.

Me he acordado de esta experiencia mientras veía este video. De la necesidad vital de ser llamados por nuestros nombres, de sentirnos vistos y tenidos en cuenta, de tratados como seres humanos íntegros, como personas dignas de Amor independientemente de la edad y las circunstancias vitales.
Somos mucho, muchísimo más que un cuerpo.


[transcripción]
“Me desperté en la unidad de cuidados intensivos. Mis ojos estaban tan hinchados que no podía ver, mi mandíbula estaba sujeta y había un agujero en mi garganta, así que no podía comer, no podía hablar, no podía beber y había una maquina metiendo aire por el agujero de mi garganta, no podía respirar por mí misma pero podía oírlo todo y busque entre los sonidos de la ajetreada uci alguna señal de lo que estaba pasando, o de lo que me iba a pasar.
Y entonces... una maquina hacia un ruido muy alto, pero no podía ver y no sabía que pasaba y pensé que quizás me iba a morir, pero alguien vino y apagó la alarma y se fue en silencio. Los médicos pasaban al lado de la cama y hablaban de mi caso con muchos detalles entre ellos en un idioma que no entendía y también se iban en silencio y por la noche, las enfermeras venían y se ocupaban de mis vías la nutrición, hidratarme, medicarme y ellas tomaban notas, supongo, leían cosas y atendían mis necesidades con mucha eficacia. Pero nunca vieron ni tuvieron en cuenta mi herida emocional.
Menos un enfermero especial.
Cada vez que el venía a cuidarme, se inclinaba cerca de mi cara ponía la mano en mi hombro y yo podía ver con mis ojos entrecerrados su silueta, el me llamaba por mi nombre y después me contaba lo que iba a hacer ese día.
Y después hizo algo que ni una sola persona hizo en las tres semanas que estuve en Cuidados Intensivos. Me hablo como un ser humano, hablaba de cosas cotidianas mientras curaba mis heridas y aseaba mi cuerpo, ya sabes, lavarme, cambiarme de ropa, revisar mis vías. Hablaba de cosas como que tal día hacía fuera o quien había venido mientras yo estaba dormida. Hablaba de cosas cotidianas del día a día, y no empleaba más tiempo que el que le hubiera costado si no lo hubiera hecho.
La gente se asusta pensando que si conectan con el paciente esto les llevara mucho más tiempo. El no necesitó ese tiempo extra.
Y ahora 20 años después, hace 20 años que tuve un accidente con politraumatismos que casi me mata y me mantuvo en hospitales durante 17 años, pero me acuerdo de él y cada vez que cuento la historia de ese enfermero, ese maravilloso hombre y cuanto el sentir su mano que no dolió, que no fue eficiente cuanto significó eso para mí Cuanto el contarme el tiempo que hacía fuera o cuando me contaba una anécdota sobre algo que estaba en las noticias. Cualquier cosa me recordaba que yo era más que un cuerpo roto y nunca le olvidaré. Hace 20 años y aun siento el agradecimiento más profundo de lo que puedo expresar.”

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