05 mayo 2014

partos medicalizados y mecanizados [Isabel Aler Gay]

“La sociedad española presenta una de las tasas más altas de intervencionismo tecnológico médico y hospitalario en el embarazo, parto y crianza, por encima de los márgenes estimados necesarios por la OMS, que ya ha dado la voz de alarma por las graves consecuencias iatrogénicas derivadas del excesivo número de monitorizaciones, inducciones que aceleran el parto, episiotomías, anestesias epidurales, cesáreas, empleo de fórceps, separaciones de los bebés recién nacidos de sus madres, lactancia artificial, etc. El incumplimiento en España de las recomendaciones de la OMS sobre la atención al nacimiento y las tecnologías apropiadas para el parto (OMS. 1985, 1999), ya ha sido denunciado en varias ocasiones por asociaciones de mujeres profesionales, de usuarias de los servicios de salud, y de madres. Así se estima que en España se hacen 36.000 cesáreas innecesarias cada año (Olza, 2005), con una tasa del 22% al 35% según el hospital y si es público o privado, cuando el margen para la tasa estimada como necesaria oscila entre el 10% y el 15%. Se estima excesivo que el 18% de las criaturas sean extraídas mediante fórceps. Las rutinas hospitalarias de atención al parto que obligan a las mujeres a parir tumbadas, que administran oxitocina sintética o amniorrexis para acelerarlo, que cortan el periné, que afeitan, que separan a las madres de sus hij@s nada más nacer, que desaconsejan la lactancia materna ante las superables dificultades que se presentan -la mayoría de las veces como consecuencia de las propias rutinas hospitalarias, han sido duramente criticadas por la OMS. De hecho el propio Mardsen Wagner (2002) que fue Director de Departamento de Salud Materno-Infantil de la OMS sostiene que "el índice de episiotomías del 89% en España constituye un escándalo y una tragedia ya que la episiotomía nunca es necesaria en más del 20%, pues la ciencia ha constatado que causa dolor, aumenta el sangrado y causa más disfunciones sexuales a largo plazo, por lo que realizar demasiadas episiotomías ha sido correctamente etiquetado como una forma de 'mutilación genital en la mujer":
El parto no es hecho patológico aunque se ha logrado con-vencemos de lo contrario, es decir, vencemos con estrategias patriarcapitalistas normalizadas como universales, a la mayoría de las mujeres en la sociedad española actual. El parto es un hecho fisiológico natural, como lo son la concepción y la gestación, tal como vienen defendiendo desde hace décadas Consuelo Ruiz Vélez-Frías, Presidenta de la Asociación Nacer en Casa, veterana matrona española fallecida en el 2005, entre otras matronas, médicas y ginecólogas que saben hacer de comadres (Catalá, 2004, Fuentes 2001). El parto-nacimiento es el acto sexual cumbre como muestran ya hoy la fisiología y la endocrinología, y los cada vez más abundantes testimonios de madres que se atreven no sólo a vivir sus partos en libertad (Schallman, 2004) y también placenteramente sino a contarlo (Catalá. 2006, Gabilondo. 2005). Sin embargo los modos de parir y de nacer en la moderna sociedad española se han logrado normalizar a través de las prácticas obstétricas del control médico-tecnológico-hospitalario como rituales de sumisión de las madres y de sus criaturas (Fernández del Castillo, 2005). Las madres componemos la categoría demográfica más numerosa y la categoría laboral que más horas dedica al trabajo (Durán, 2000) de uno u otro tipo, y a pesar de esa evidencia nos hemos convertido en la única categoría de población que estando sana para trabajar tanto acude normalmente al hospital a dar luz, la única categoría de población que se ha normalizado como paciente porque el parto es visto normativa y normalmente como un hecho patológico, - lo que en otras condiciones culturales posibles sería una excepción- y no un hecho fisiológico normal" Y el que ello sea así, tiene causas y consecuencias graves para el bienestar social, porque ya hoy podemos mostrar también científicamente que la sentencia ilustrada "el ser humano no nace se hace", que tan importante ha sido para liberar al destino humano del yugo eclesiástico, tiene consecuencias fatales si no reconocemos con todas sus consecuencias, que el ser humano no sólo nace y se hace sino que también se hace al nacer. Los modos en que nacemos y morimos constituyen observatorios privilegiados para comprender sociológicamente como está ordenada una sociedad.
Así en España hoy la inmensa mayoría de las mujeres paren y la inmensa mayoría de las criaturas nacen en los quirófanos de los hospitales corno pacientes-objetos de la ciencia médica, y sólo una minoría lo hacen en casa o en casas de partos. En estos casos las mujeres deciden confiar en su potencia autoreguladora no sólo en la concepción y en el embarazo sino también en el parto-nacimiento y eligen personas profesionalmente cualificadas para ese tipo específico de acompañamiento. Cuando madre y criatura son las protagonistas principales del parir y del nacer, y la mujer afrontar el dolor más placentero que existe en un ambiente en donde el espacio, el tiempo y los ritmos no se profanan, pues se respeta el estado alterado de conciencia que la mujer parturienta en libertad corporal y mental alcanza, para realizar uno de los mayores actos de amor: abrirse para dar luz a la nueva vida, entonces todo el entorno se orienta a cuidar su íntima relación bajo la máxima de intervenir lo menos posible, para no interferir la impronta, la creación del vínculo original, la matriz de las relaciones sociales venideras, el encuentro cara a cara, piel a piel, entre madre y criatura, que tendrá gran intensidad durante el llamado periodo primal. En otros países europeos, contrariamente a lo que ocurre en España, esa es la tendencia mayoritaria, como por ejemplo en Holanda, donde la mayoría de los partos y nacimientos son en casa o casas de partos, pues allí se actúa en consecuencia con las evidencias científicas que muestran que las mejoras en los índices de supervivencia materno-infantil se deben a la mejor alimentación y salud de las mujeres, a las mejores condiciones higiénicas y técnicas de prevención y seguimiento del embarazo, y no a la medicalización y mecanización tecnológica del parto y el nacimiento a las que asistimos hoy como expansión de las lógicas globalizadoras de los sistemas de expertos tecnocráticos occidentales. En este sentido, es más que ilustrativa la abreviatura del nombre de EVA (Estimulación, Ventosa, Analgesia) empleada en los años sesenta para referirse al protocolo de atención hospitalaria al parto, introducido gen-erizada­mente por la moderna obstetricia en nuestra sociedad. Efectivamente las mujeres seguimos siendo vistas e identificadas con la Eva mítica patriarcal, con todo lo que ello significa culturalmente de negación culpabilizadora de la sexualidad de las mujeres, y el parto es - no sólo pero sobre todo fisiológicamente - el acto sexual más primigenio, más vital, más original, más transformador, ciertamente el de mayor empoderamiento potencial para muchas mujeres, y quizás por eso el culturalmente el más negado, también por muchas de ellas.”

Fundación Centro de Estudios Andaluces (2006)
fotografías: Lyndsay Stradtner

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