01 abril 2014

maternidad a contratiempo [Isabel Aler]

"(…) El trabajo de cuidados es vivido hoy por las madres trabajadoras gene­ralmente como contrario a un tiempo productivo culturalmente impuesto, que aparece cada vez más representado socialmente como un contratiempo, un ir contra el tiempo, con sentidos polivalentes: en el sentido de ir corrien­do contrarreloj de un lado para otro, en el sentido de constituir un obstáculo porque hace perder un tiempo de oro que se requiere para renta­bilizar las credenciales educativas adquiridas en asegurar o ampliar las oportunidades de contratación laboral o promoción profesional, en el senti­do de insumisión inevitable contra la imposición de los tiempos productivos sobre los tiempos reproductivos necesarios para el cuidado de la vida.
Quienes mejor expresan esto último son las mujeres implicadas en el movimiento social de comadres, lo que he descrito en otros textos como las siete co-razones de las actuales madres trabajadoras españolas (Aler, 2005, 2008), con objeto de contribuir a hacer visibles las dramáticas tensiones que viven las mujeres en la actual democracia constitucional parlamentaria, en la que jurídicamente han recuperado gran parte de sus voces como mujeres, lo que paradójicamente les ha permitido constatar y denunciar que sus voces como madres continúan vetadas en los procesos sociales de transformación en los que se inician cuando deciden optar libremente por la maternidad.
De una u otra forma estas mujeres están asumiendo el reto de plantearse personal y colectivamente la cuestión quizás más sustantiva de la maternidad ante la grave crisis actual: ¿para qué ser madre en los tiempos que corren? Y en sus decisiones personales y sus debates colectivos sobre maternidad dan cuenta de ello mediante la asunción consciente de siete co-razones a contratiempo en los tránsitos entre sus polivalentes tiempos de vida.
En realidad se trata de siete contradicciones en proceso de transformación acerca de los sentidos del tiempo en el trabajo de cuidados, que las mujeres viven de forma cotidiana desde el inicio de sus maternidades más intensamente, entre un modelo patriarcal que simula la perfecta independencia social de individuos que compiten, dominan y sobreactúan política y culturalmente, y una visión matricial que encarna la plena interdependencia biosociocultural de individuos con disposición a aprender a cooperar y compartir, resistiéndose a ser infravalorados política y culturalmente: (1) del miedo al deseo de transformarse en madre; (2) de la desconfianza a la confianza en la autorregulación corporal; (3) del entreguismo genérico al empoderamiento progresivo con el sistema experto; (4) de la carencia a la creación de espacios sociales públicos de escucha cualificada; (5) del aislamiento estresado a la soledad compartida; (6) de la escisión pervertida del tiempo de vida a la asunción temporal de prioridades vitales; (7) de la reproducción a la sanación de relaciones materno-filiales patológicas.
Las decisiones de maternidad de las mujeres actuales acontecen en un contexto que las presiona para rechazarla o retrasarla con objeto de obte­ner cada vez más credenciales de formación curricular, ampliando así las oportunidades de contratación y promoción profesional, y los límites de la edad, en caso de desear ser madre, para que no se pase el arroz. Cuando la decisión se toma con conciencia de género, las contradicciones entre la rea­lidad y el deseo se agudizan, aún contando con suficientes credenciales edu­cativas y unas coordenadas socio-políticas en las que sus voces como muje­res ya tienen eco público.
En sus vidas cotidianas, el deseo (1) de ser madres libres puede llevarles a querer trascender su individualidad vinculándose a los cuidados amorosos de un/a hijo/a, a menudo choca de bruces contra el miedo a ser madres espo­sadas, escindidas, rajadas, anuladas, abusadas, chantajeadas, culpabilizadas, ninguneadas o desautorizadas, por parte de los hijos/as todavía no nacidos, de sus parejas, de sus familias, o de los dispositivos institucionales de exper­tos que controlan tecnocrática o teocráticamente los procesos de transfor­mación social, sexual, familiar y profesional que les compete como madres en relación con el trabajo de cuidados y/o el empleo asalariado.
El salto del miedo al deseo de ser madre, requiere el previo reconoci­miento de un miedo adaptativo, sociológicamente hablando, que previene contra el riesgo de desear algo que antes por unas causas (madres esposa­das) y hoy por otras (mujer ciudadana o madre cuidadora) provoca rechazo en forma de vértigo o parálisis.
En medio del reconocido miedo al deseo, éste se deja aflorar y de ahí surge el impulso de confiar en la autorregulación(2) del cuerpo atendiendo a las desconfianzas aprendidas programadas para el auto-sabotaje, y se plan­tean que si se puede concebir y gestar en la mayoría de los casos espontáne­amente ¿por qué no confiar en la autorregulación a la hora de parir y criar?
Entonces es cuando se inicia el enfrentamiento al intervencionismo(3) en tanto que abusiva intervención del sistema de expertos, empezando por el médico-sanitario, para que no impida sino que incentive el empoderamien­to progresivo que la confianza en la autorregulación hace emerger.
A partir de este enfrentamiento (que en muchos casos es reactivo a la situación de maternidad intervenida de forma abusiva) expresado de múlti­ples formas en los foros y grupos de madres que cuentan ya con recursos para ello (más credenciales educativas, más información, más acceso a nue­vas tecnologías), las mujeres sienten la necesidad de salir del aislamiento estresado  al que suele llevarlas el trabajo de cuidados durante la crianza en los núcleos urbanos de edificios y viviendas unifamiliares, sobre todo pero no sólo si no cuentan con la implicación de sus parejas o alguna ayuda domésti­ca, y buscan tiempo para compartir con otras madres y sus hijos/as la soledad que sienten en una sociedad organizada de tal manera que los cuidados de (y a la) maternidad continúan menospreciados y sobreintervenidos.
Así las mujeres hacen de comadres y van creando y recreando espacios sociales públicos(4) en los que se pueden expresar y escuchar las vivencias de madres con experiencias familiares, educativas, laborales y profesionales diversas, pero que necesitan una escucha para cuya cualificación aún no hay suficientes credenciales profesionales en el mercado, salvo escasos casos excepcionales.
Ante tal carencia ellas están creando espacios sociales públicos que hagan posible la emergencia de un habla y una escucha entre las madres que van cualificándose(5) a la par que hacen de espejos unas de otras, al sentir la empatía que otras sienten hacia sus criaturas, al hacerse comadres que por encima de diferencias y desigualdades sociales están dispuestas a apoyarse y devolverse autoridad como madres de carne y hueso de criaturas vivas.
Algunas han dado prioridad total al trabajo de los cuidados de la maternidad, otras se han ajustado a los límites de los permisos por materni­dad, o se turnan con sus parejas, o cambian el enfoque en la dedicación a su profesión, o salen temporalmente del mercado, pero de una u otra forma las comadres asumen la prioridad del trabajo de los cuidados en la crianza y la socialización temprana(6), a costa de padecer a medio y largo plazo la injusta mengua en sus derechos laborales y contributivos (promoción, salarios, pen­siones), aún cuando estén apoyadas por sus parejas no sólo en su decisión de confiar en la autorregulación sino también en la práctica de una paterni­dad cuidadora y responsable. Ciertamente son las menos pero las más afor­tunadas en ese sentido.
Es así como lenta pero imparablemente las madres insumisas con pers­pectiva de género, van recuperando su voz como madres, saliendo al encuentro de sus miedos, deseos, dudas, desvelos, confidencias del placer y del dolor en las entrañas, de sus contradicciones, de los modelos de madres que no quieren reproducir y de la incapacidad para cambiarlos en algunos o muchos momentos y situaciones que viven diariamente, de la incompren­sión de los entornos familiares y de amistades hacia una opción que impli­ca replantearse día a día muchas de las pautas tecnocráticas deshumanima­lizadas de crianza y socialización temprana, y soñar con la construcción de otro mundo posible en éste, actuando desde los cuidados cotidianos.
De este modo el escenario de aprendizaje mutuo y significativo ya está gestándose, y se van ensanchando las confidencias de partos gozosos y de partos dolorosos, de partos carniceros y de partos asépticos, de partos secuestrados y partos de renacimiento, con infinidad de posibilidades y de sutiles matices que encuentran resonancia en sus co-razones de madres insumisas, unidas decididamente hacia un horizonte común: el paso de la reproducción a la sanación de las relaciones filiales patológicas(7), cambiando la concepción de los cuidados a lo largo y ancho de la organización social desde el origen.
Atrás va quedando el entreguismo genérico al sistema de expertos médico-sanitario, pero también educativo o mediático, y se replantean la educación de sus hijos/as en la familia y en la escuela, las alternativas al exceso infantil de consumo mediático, y pasan de poner parches y de apagar fuegos al aprendizaje de malabares y encajes de bolillos en la negociación cotidiana de sus anhelos y las constricciones sociales y culturales dominan­tes en su entorno.
Así van proyectando en el pensamiento colectivo evidencias políticas y científicas acerca de las potencialidades benefactoras y liberadoras de otras maternidades y paternidades posibles. Es nada más que un horizonte y nada menos que un camino haciéndose como los buenos guisos, poco a poco, hacia un empoderamiento personal y colectivo que las devuelve una y otra vez al núcleo matriz de sus potencialidades surcadas culturalmente de deseos y miedos. (…)

capítulo 2.5. La maternidad como contratiempo entre la vida cotidiana y las políticas públicas
autoras: Concepción Alba Romero, Isabel Aler Gay, Ibone Olza Fernández.
Pág. 96 – 100
Fotografía: Michael Bernard
(los subíndices son míos)

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