29 abril 2014

La peor madre del mundo [Lenore Skenazy]


Lenore Skenazy: Bueno, solamente quería decir lo feliz que estoy de estar aquí en una conferencia sobre actitudes porque eso es exactamente lo que tiene que cambiar por el bien de nuestros hijos. Tenemos que cambiar nuestras actitudes hacia 'la calle', la calle. Tenemos que cambiar nuestras actitudes hacia lo que son capaces de hacer nuestros hijos. Y también tenemos que cambiar nuestras actitudes hacia los demás. Porque eso en el fondo es realmente lo que cuenta hoy sobre dejar salir a nuestros hijos fuera. La pregunta es verdaderamente: ¿Quién está loco? ¿Los que confiamos los unos con los otros, o los que no lo hacemos?. Y voy a preguntaros esto en forma de historia.

Porque, recientemente, mi amiga Melissa fue al supermercado. Estoy hablando de América, de uno de esos grandes supermercados donde compramos quince cajas de cereales de una vez y puedes comprar más bolas de leche con malta de las que te podrías comer en un año. Y Melissa estaba esperando en fila en la cola de la caja con sus dos niñas de dos y cinco años. Y la señora de atrás, que también estaba esperando en la cola, recordó de repente que tenía que coger algo, entonces tocó la espalda de Melissa, a quien no conocía, en el hombro, y le dijo:

’Perdóneme, ¿le importaría vigilar a mi bebé un segundo? Tengo que coger más toallas de papel, o más bolas de leche con malta...’
Y su bebé tenía un año más o menos, y estaba en el carrito, de esos en los que sacas los pies. Y entonces Melissa dijo, CSí’ y la señora se fue. Y esa es la historia entera, por lo que respecta a Melissa. Ella me estaba contando esta historia, y yo dije:
’OK, continúa.’
Y ella dijo: ’No. Eso es todo.’
Y yo: ’¿Qué quieres decir? ¿Esa es toda la historia?’.
Y ella dijo: ’Lenore, ¿puedes creerte lo que hizo?’.
Y yo: ’¿Necesitar más toallas de papel?’
’Lenore, ¡Podría haberle quitado su bebé! ¡Y no lo habría visto nunca más!’

Ella pensaba que la mujer estaba loca por pedirle ayuda para vigilar al niño durante, por ejemplo, un minuto o dos, mientras la señora iba a buscar las toallas de papel. Pero yo dije:

’Melissa, piensa sobre esto un segundo. Tú crees que ella está loca, pero tú dices que tú quieres coger este bebé. Imagínate que eres una secuestradora. Tú tienes contigo a tus dos niñas, ¿verdad? Y ahora tienes que coger el otro niño del cochecito. Ahora estás sosteniendo un bebé que está gritando a más no poder. Tú tienes tu niña de dos años. Tú tienes tu niña de cinco años. Tu niña de cinco años diciendo, ’¿Por qué nos vamos?’ Y tu niña de dos años ’¿Por qué tenemos el bebé de otra persona? ¡No queremos otro hermano!’ Estás corriendo hacia fuera de la tienda y te estás dejando el carrito. Te has esperado en la cola todo ese rato y ahora te dejas el carrito. La otra señora, estás abandonando su carrito. Te estás yendo. Nadie te lo impide. Tus hijos están lloriqueando. Pasas la cajera. Sales al parking. Tienes que recordar dónde aparcaste con esos tres niños que llevas. Encuentras el coche. Sostienes el bebé. Estás abriendo el coche. La otra niña se te arrima: ‘¿Dónde están las bolitas de cacao?’ Dijiste que podríamos comprar ¡bolitas de cacao! Tienes que poner a cada una en su asiento especial porque te conozco, Melissa. Tú nunca no las pondrías en su asiento. ¿Cogiste un asiento para el otro niño? Tú nunca cogerías un coche sin un asiento para el bebé. Estabas planeando desde hacía tiempo robar este bebé – esperabas que alguien te daría esta oportunidad - que tienes otro asiento en el coche para el bebé de alguien en el día en que, ¡Aleluya!, ¿alguien confía en tí? ¡Es una locura! Creo.’

Pero tanta gente, casi a todo el mundo a quién Melissa le contó la historia, dijo:
‘No, Melissa tiene razón. Esa mujer fue una irresponsable. ¡Esa mujer nunca debería haber dejado a su bebé solo con un extraño!’.

Y esto es realmente de lo que estamos hablando. Una sociedad que ha llegado al punto en el que pensamos que una madre, que deja a su bebé durante un minuto con otra madre en una tienda abarrotada, está dejando a ése bebé en un gran peligro, e incluso, de muerte. Y es esta actitud la que me llevó a ser llamada la ‘peor madre de América’. Porque, obviamente, si piensas que dejar a tu hijo solamente por un segundo en una tienda abarrotada es peligroso, dejar a tu hijo que coja el metro solo está absolutamente fuera de este mundo. Pues, ¿por qué lo hice? Lo hice porque me lo pidió. Mi hijo tenía nueve años. Fue hace un año y medio. Y él – estamos siempre en el metro en la ciudad de Nueva York porque es nuestro medio principal de transporte - entonces él estaba muy familiarizado con el metro. Le gusta mucho el metro, y los mapas, y el transporte. Y él nos había estado pidiendo a mi marido y a mí durante semanas, si podría, por favor, ir a algún sitio y volver a casa por sí mismo. Y mi marido y yo lo hablamos y decidimos ‘¿Sabes qué? Está listo’.

Y hay algo clave en ello. Escuchar a tus niños cuando dicen que están listos para crecer un poco, hacer el próximo paso. Es algo así como, si están montando una bicicleta y tú estás aguantando todo el tiempo el manillar y ellos dicen, ‘Mira, Estoy listo. Déjalo’. Y tú dices, ‘No, no. Sólo voy a aguantar. Es sólo por tu propio bien. Quiero aguantar la bicicleta por ti’. Es como, ‘¡No! Estoy listo para ello’. Él estaba listo para ir en metro.

Entonces un domingo soleado, lo llevé a esta cara, fantástica, gran tienda, que está justo encima de una parada de metro. Y lo dejé en la sección de bolsos, ¿OK? Pero no lo dejé sin nada. Le dejé una tarjeta de metro, algo de dinero, y un mapa, y monedas por si necesitaba llamar por teléfono. No le di un móvil porque sabía que él volvería a casa, pero no estaba segura si traería el móvil consigo. Y, en cualquier caso, una hora más tarde, había vuelto. El cogió el metro. Tuvo que coger un autobús. El autobús termina en nuestro bloque de apartamentos. Y volvió así, levitando. Él estaba tan feliz por haber tenido por fin una oportunidad para hacer algo adulto. Y nosotros estábamos felices, también, y ni siquiera escribí sobre esto inmediatamente porque no era una gran cosa. No lo hice como un experimento o como una oportunidad para escribir sobre ello. Sólo lo hice porque él estaba listo. Pero cuando hablé con otras madres de niños del mismo curso, ellas dijeron que no estaban listos ni mucho menos. Y, en efecto, algunas de ellas decían '¡Qué! ¡¿Hiciste qué?!’ Y ellas dejarán hacerlo a sus niños cuando vayan a la Universidad. Entonces escribí este pequeño artículo. Y dos días más tarde, estaba en tres shows de televisión nacional y en un show nacional de radio defendiéndome a mí misma y mis decisiones maternales. Y eso es cuando lo de ‘la peor madre’ empezó.

Y no fue hasta que recibí una llamada en la emisora de radio que me di cuenta qué tabú había roto con esto. Porque un hombre llamó a la emisora de radio y dijo:
‘Sólo quiero saber por qué has elegido dar a tu hijo un día de diversión y excitación que acabaría con él muerto, en lugar de darle una vida larga y feliz.'
La idea de que así es cómo la gente me veía, que yo era una persona que se decía:
'Bueno, a ver: ¿un día de diversión, muerte, humm, o una vida entera larga y feliz viviendo hasta los ochenta y siete?...No lo sé, le daré el día de felicidad seguido por la muerte y desmembramiento.'

Es así como me veían. Entonces fue cuando tuve que crear mi página web solamente para explicar mi filosofía. Y la página web Free-Range explica muy claramente que yo amo la seguridad. Amo a mis hijos y amo la seguridad. Ellos llevan casco cuando montan en bicicleta. Les enseño a cruzar la calle. Toma contacto visual. Tú eres pequeño. ¡Ten cuidado cuando cruces la calle! Creemos en las sillas de seguridad. Creemos en los cinturones de seguridad. Sólo que no creo que necesiten un plan de seguridad, como Obama, cada vez que salen de casa. Y entonces la gente empezó a escribirme diciendo:
‘¡Gracias a Dios! ¡Estoy tan contento de encontrarte! Yo creo eso, también. Dejo a mis niños ir andando al cole y los otros padres me miran mal. O ellos no se fían de mí. O los padres, humm, no dejarían ir a sus hijos venir a jugar a mi casa porque dejo a mis niños ir a jugar al parque y entonces, claramente, ¡soy una madre loca! Estoy tan contenta de encontrar vuestra página web y ver que éste es un movimiento en marcha.’

Pero luego, por supuesto, había otra gente, gente que llamaba a mi casa, que decía que pensaban que la policía tendría que llevarse a mis hijos porque, claramente, era una madre tan despreocupada.

Entonces... algo ha cambiado en nuestra sociedad que – sé que Josep Lluís ha mencionado que ahora un diez por ciento de los niños van andando a la escuela – pero cuando yo era niña, la mayoría de la gente iba andando a la escuela. Pues, en sólo una generación, hemos perdido casi toda la libertad de los niños. Quiero decir, es un cambio dramático. Y escribí el libro intentando entender por qué es tan distinto de cuando nosotros estábamos creciendo. Por lo que se refiere a, especialmente en América, a la criminalidad, parece que sea más peligroso fuera de casa. Pero por lo que respecta al crimen, los setenta y los ochenta eran más peligrosos que ahora. Entonces, si eso era malo, y aún así, todos íbamos andando a la escuela y nuestros padres no eran todos los peores padres de América... ¿Qué ha cambiado?

Y pienso que hay diferentes elementos que nos han causado mucho más miedo que a nuestros padres cuando nos dejaban salir fuera. Y yo creo que si os preguntara a todos y os pidiera que levantaseis la mano, la primera cosa que diríais sería: los medios de comunicación. ¿Verdad? Quiero decir que sé que todos culpamos a los medios de comunicación. Es así, se culpa a los medios – oh sí, es todo culpa de los medios de comunicación. Pero, es culpa de los medios de comunicación, ¿vale? Porque cuando mis padres me estaban criando, ellos no tenían las peores noticias las veinticuatro horas del día viniendo de cada rincón del planeta. Y cuando digo ‘de cada rincón del planeta’, puedo deciros que todo el mundo en América conoce exactamente qué pasó en Portugal, vuestro país vecino, con Maddie McCann. Puedo deciros los nombres de sus padres. Puedo deciros qué cenaron esa noche. Está grabado en mi cerebro, como si le hubiese pasado eso a mi prima. Sé tanto sobre esa historia. Y cada vez que hay una de esas historias horribles, la televisión, las canales de noticias por cable que siempre están despidiendo a sus trabajadores – no tienen dinero; ¡ni siquiera para contratarme! – pero tienen abundante dinero para enviar una unidad móvil durante semanas o meses a un lugar donde ha ocurrido algo horrible. Para que puedan seguir informando sobre esto porque saben que una historia así es oro cuando se miran los índices de audiencia.

Entonces, tenemos nuestro canal de televisión con las peores noticias siempre enchufado, pero si cambiamos de canal, y queremos algo de entretenimiento...sé que exportamos, y lo siento, ‘Law and Order’ (Ley y Orden), la serie ‘Law and Order’, que vi por casualidad una noche. El episodio que miré por casualidad mostraba una niña de trece años andando por la calle... ¡epaa! Raptada de la calle por, por supuesto, un horrible extraño, quién curiosamente era un criminal de guerra serbio porque, sabéis, estamos...en América, ¡todo lleno de criminales de guerra serbios, por todas partes! Y ¿qué es lo que hace? La arrastra fuera de la calle. La lleva a su sótano (y es siempre un sótano) y la ata con una cable de teléfono (que eso como sabéis es falso, porque ya nadie tiene teléfonos con cables.) La ata con el cable. Hay cinta americana cubriendo su boca y la vemos tumbada así, gimiendo ‘Hmmm...hmmmmm’. Tratando gritar. No puede gritar. Sientes lo horrorizada que está y vemos la mano del hombre yendo entre sus muslos y luego cortas. Vale, cortar. De hecho, nosotros no vemos qué pasa después, pero creo que lo podéis adivinar, ¿vale?

Esto es sólo entretenimiento. Es esto a lo que vas si no estás mirando la CNN y la historia de Maddie McCann. Rápidamente, tú estás en ‘Law and Order', o cambias a CSI y, en CSI, tú ves a la misma chica, excepto que ahora está siendo sacada de la ciénaga, ¿vale? Y luego vemos la autopsia y están cortando a través de los tejidos y hay gusanos y sangre y todo el mundo está muy pálido. Y es tan horroroso que sólo te llena de pánico. Pero, este hospital muy famoso en América, la Clínica Mayo, hizo un estudio, un estudio inteligente, donde comparaban dos temporadas de crimen de CSI con dos temporadas de crimen en la vida real ¿os acordáis de esto? Y encontraron grandes diferencias, una de las cuales, ha afectado mucho a nosotros los padres.

La primera diferencia es, simplemente, que en la vida real hay mucho más alcohol involucrado en la criminalidad. Pero en la TV no lo muestran porque es aburrido, es un punto de la trama sin interés. Un tipo se emborracha, otro tipo se emborracha. Se golpean en la cabeza con botellas. Y fin de la historia, ¿vale? Y su fin.

La segunda diferencia es que las minorías son mucho más víctimas del crimen en América que los blancos, en proporción. Pero, en la tele, las víctimas son blancas porque eso es lo que quiere el patrocinador. Es esto lo que hace una buena TV. Eso es, dicho sea de paso, también lo que la CNN quiere. Ellos siempre quieren una historia en la que una chica blanca es secuestrada. Pero el elemento que nos ha afectado más a nosotros, como padres, es que, en la tele, los crímenes se cometen por extraños. En la vida real, la mayoría de crímenes contra los niños se cometen por gente que ellos conocen, por amigos de la familia y por parientes. Es horrible, pero es verdad. Pero, en la tele, siempre es o algún tipo horriblemente baboso, que está en el parque, justo esperando coger un niño; o es una mente criminal maestra, que miró en vuestro Facebook, y vió fotos de vuestro picnic de hace dos años y vio el niño en el extremo derecho y ha pasado su vida entera intentando encontrar a ese niño y secuestrarlo y matarlo. Entonces llegamos al punto en el que pensamos, cuando abrimos la puerta y caminamos hacia el mundo, que nuestros niños están en el medio del peor escenario tipo el criminal de guerra serbio/Maddie McCann. Entonces no les dejamos salir, ¿verdad? Los retenemos dentro porque estamos horrorizados por los medios de comunicación. Pero, no es sólo la culpa de los medios.

Han cambiado otras dos cosas desde que yo era una niña. Una es que hay también (bueno, no sé lo obsesivo que es aquí) pero, en América, antes se iba a la sección de educación infantil en la biblioteca, o en tu librería local, y había un par de libros. ¿No sé si habéis tenido ‘Dr. Spock’? Nosotros teníamos Dr. Spock. Básicamente, te lo contaba todo desde el sarampión hasta ir a la universidad. Pero ahora, cuando vas a nuestras librerías, hay filas y filas de libros de expertos diciéndote exactamente cómo tienes que vivir tu vida y criar a tus hijos o estás acabado. Y empieza incluso durante el embarazo. El bestseller aquí durante los pasados veinte años es el libro ‘What to expect when you’re expecting’ (‘Qué esperar cuando estás esperando’), que (veo a alguien asintiendo aquí, supongo que lo tendréis, también). Y es un libro que es – se va volviendo más grueso, se nota - y la edición que compré decía...decía, 'Ahora con todavía más...eh... ¡ahora con incluso más problemas!’ Sabéis, es como, ‘oh, ¡bien! Más problemas para preocuparnos las madres'.

Hay unas cincuenta páginas en el medio, las cuales están todas dedicadas a lo que tú deberías comer cuando estás embarazada. ¿Desde cuándo no podemos pensar nosotros mismos qué comer? Más espinacas. Comes algo de pescado. Intentas beber un poco menos de whisky, quizás, eh. Pero, básicamente, sabemos qué hacer cuando estamos embarazadas. Pero este libro te hace pensar que no lo sabes. Y, en efecto, ellos dicen que bocado que tomas es una oportunidad para ayudar o perjudicar a tu bebé. Y luego te dicen todas las maneras en las que puedes perjudicar al bebé. Sabéis, si no coméis exactamente lo que ellos dicen, podríais tener un bebé con un peso bajo, defectos de nacimiento, coeficiente intelectual más bajo. Y llegas al punto donde tú realmente crees que estás jugando con el destino de tu hijo cada vez que el tenedor va hacia tu boca. Y... ¡Diós me libre! Te comes un bollo, ¿sabes? ¡Dios nos libre de comer esta comida deliciosa que nos han servido esta mañana en el restaurante del hotel! Todo lleno de jamón y croissants y...delicioso...con bacón, todo. Simplemente no lo puedes hacer.

Y la mentalidad se convierte desde el embarazo en adelante, durante la infancia de tu hijo, que estás construyendo o rompiendo ese niño cada vez. ¿Le compraste el juguete adecuado? ¿Le diste el biberón adecuado? Ahora vas a la tienda de bebés, y hay biberones con tetinas de tres meses, seis meses, seis meses y medio, doce meses. Es como, ¿no acostumbraban a mamar de...? ¿Hay aquí seis tallas distintas? Quiero decir, es una locura lo que te preocupan pensando que vas a dañar a tu hijo. Y luego empiezas a pensar que tu hijo es tan vulnerable como dicen.

Y luego, ¡llegan los productos! El entero, lo que yo llamo ‘el complejo industrial de seguridad infantil’, que está aquí para venderte cosas porque deberías creer que los necesitas. Y he traído conmigo un ejemplo y os voy a preguntar si sabéis lo que son. ¿Alguien sabe qué es eso? Hay dos, entonces los pones en... ¿no? ¿Alguna mano? Lo entendería. Es una palabra sencilla. Son rodilleras. Son rodilleras para bebés, ¿OK? Estas son las rodilleras que tú les deberías poner cuando tu bebé aprende a gatear. Porque, de repente, esto es una actividad tan peligrosa... ¡es como el rugby! Tu hijo no puede salir por ahí sin esas rodilleras, de otro modo, se harían daño.

Las tiendas para bebés están llenas de, literalmente, diez mil artículos. Estas tiendas que no existían hace una generación. Puedes comprar un casco para tu hijo para llevar cuando aprenda a andar, porque están intentando convencerte de que eso es una actividad peligrosa, y tu hijo va a terminar, ya sabes, escayolado, o peor, para siempre, si no compras el casco. Puedes comprar un patito de goma, un bonito patito de goma, como el que todos hemos tenido...excepto este pato, lo pones dentro del baño de tu bebé, antes de poner el bebé dentro. Y luego lo giras bocabajo y ¡la base del pato te dice si el agua está demasiado caliente! Correcto, el pato te lo dice. ¡No habrías podido pensarlo por ti mismo! No podrías... ¡no podrías hacerlo nunca! Sabes, no funcionaría. ¡Tú no puedes saber si el agua está demasiado caliente! Hay productos así. Hay calentadores de toallitas de bebé porque el bebé nunca debería experimentar el trauma de una toallita a temperatura ambiente. Y hay... ¿qué era la otra cosa? Oh, no puedo acordarme de mi otro increíble ejemplo...pero... ¡oh sí! Hay una delgada bolsa de malla que puedes poner en la boca de tu bebé para que no puedan masticar nada. Ellos nunca deberían comerse un gran trozo de comida. La comida tiene que pasar a través de la malla, comiendo así. Entonces, básicamente, la idea global...oh, me acuerdo del otro. El otro son estas alas andantes, que son como...como un pequeño arnés que pones al niño. Luego aguantas al niño como si fuera una marioneta para enseñarle a andar. Y en el envoltorio, dice, ‘Esto dará a tu hijo la confianza que necesita para andar’. Y, yo como, ‘¡Creo que ellos obtienen esa confianza de andar!’ Haciéndolo ellos mismos. Creo que si piensas que tienes que estar así...gracias...gracias...eso es...eso es lo contrario de confianza. Eso es alguien diciéndote que no puedes andar, o que si te caes te vas a romper.

Pues aquí está toda esta industria dedicada a convencer madres y, supongo, padres, sea cual sea el cerebro que tengan, cualesquiera que sean los atributos de los niños al nacer, desde la grasa de sus rodillas, hasta sus cráneos, hasta sus instintos, esos no son suficiente para llevar a tu hijo a través de su infancia con seguridad. Es como se cree que son todos los niños, como en una unidad de cuidados intensivos, como si ellos necesitaran toda esa atención. Y es esa atención exagerada que seguimos dándoles a través de su infancia. El mensaje es: ‘Tu bebé va a morir, a no ser que compres un montón y hagas un montón’.

Nuestro peor miedo, creo que sabéis cuál es, es la idea de que nuestros hijos van a ser asesinados. Van a ser asesinados por un extraño que viene y los secuestra. Y yo espero que vuestro país no esté tan obsesionado con este temor como nosotros. Porque, en América, ha llegado al punto dónde ocurren cosas así. Antes esperábamos en la parada del autobús a que viniera a recogernos el autobús escolar. Pero hoy en día, los padres esperan en la parada del autobús escolar con los niños.

Y, en efecto, a algunos autobuses, al final del día, no se les permite dejar bajar al niño a no ser que haya un adulto esperándole. Y tiene que ser un adulto previamente aprobado. Pero, en algunos vecindarios, esto no es suficiente, ¿OK? En algunos vecindarios, se han sacado la idea de las paradas de autobuses de encima y ahora el autobús viene y para por cada casa de cada persona para recoger al niño. Porque ¡Dios nos libre de que tengan que andar una manzana o dos hasta la parada de autobús! Esto es demasiado. Cogen el coche y lo sacan del garaje y conducen hasta el bordillo de la calle y luego esperan a que venga el autobús y recoja a sus niños porque podrían pasar demasiadas cosas entre la puerta y la calle. Hay padres que no dejan jugar a sus niños en la entrada del garaje.

Oí de una señora, que estaba en su jardín delantero con sus niños. Estaban jugando a los rancheros. Ella estaba sentada leyendo un libro. Una bonita escena. Y otra señora pasó por allí y dijo:
'¡Cierra ese libro! ¿No te das cuenta de que tus hijos podrían ser raptados en cualquier momento?’

Este es el tipo de mentalidad que tenemos. Hay una escuela en Florida donde los niños no pueden salir después de la escuela. Tienen que esperarse dentro. Los padres vienen en coche y en la parte delantera del coche está el nombre del niño al que vienen a recoger. Una placa oficial, ¿verdad? Pues dice ‘Julio’ y alguien esperando en el parking con una radio llama a la escuela, ‘la madre de Julio está aquí’. Y luego la escuela escolta a Julio hacia el coche. Y, sabéis, esto tendría sentido si estuviéramos hablando de Saigón, ¿sabéis? 1975...bombas cayendo, helicópteros revoloteando, el pelo llevado por el viento... tú necesitas poner al niño, sabéis, evacuar al niño con seguridad. Quiero decir, ¡hay una guerra! Pero estamos hablando sobre las afueras, las afueras en la soleada Florida. Y entendéis que cuando esto está considerado un buen y normal cuidado de los hijos y solamente una precaución normal de seguridad, es cuando digo que tenemos que cambiar nuestra actitud.

Escuchad esta carta que me envió un niño. Recibí esta carta en Navidades:
‘Tengo quince años ahora mismo y apenas tengo libertad. Estoy limitado a lo que está dentro de la casa o en el patio trasero. Ni siquiera puedo ir hasta la acera. Mis padres dicen que podrían raptarme o matarme. Solía andar hasta la parada de autobús pero mi padre dijo que era demasiado peligroso, entonces empezó a llevarme allí en coche. Y, finalmente, empezó a llevarme hasta la escuela. Hoy, después de jugar con videojuegos durante dos horas o algo así, he bajado y me he dado cuenta que las únicas cosas que podía hacer allí eran comer y mirar la TV. Mirar la tele, jugar a videojuegos, y comer comida rápida es divertido, pero después de unos pocos días, aburre. Estoy de vacaciones de invierno desde hace una semana. No quiero que mis hijos, si es que algún día tengo hijos, vivan como yo.”

Esto es un niño de quince años. Y si sólo esta fuera la única carta que he recibido así, no os la estaría leyendo, pero esto es lo que está ocurriendo en nuestro país. Estamos metiendo a nuestros hijos en esta burbuja, dentro de la casa, tras una pantalla, sin dejarles salir, excepto para actividades organizadas, donde o nosotros o un monitor les estará observando. Y las consecuencias son bastante graves. Quiero decir, sabéis, estoy segura de que habéis visto y oído que nuestros hijos se están volviendo más grandes, más gordos. Ahora se considera que uno de cada tres niños tiene sobrepeso, o es obeso. Los niños tienen diabetes ya de pequeños. La diabetes que antes considerábamos de adultos, ya les está afectando. Tienen problemas cardiovasculares. Están deprimidos. Y cuando llegan a la universidad, hay una nueva palabra para ellos. Los administradores les llaman 'teacups' (tazas de té). ‘Teacups’, bonitas, elegantes, perfectas, del tipo que tienes en tu mueble para cuando tienes compañía. Sácalas – se rompen – Se rompen en la universidad. Es irónico, porque nosotros estamos haciendo esto por la seguridad de nuestros hijos y para darles la infancia que queremos que tengan. Pero haciéndolo de este modo, los estamos atrofiando.

Entonces, ¿qué podemos hacer para cambiar esto? ¿Cómo podemos cambiar nuestra actitud? Bien, creo, obviamente, en ir hacia el ‘free-range’, enseñando gradualmente a nuestros niños cómo estar fuera en el mundo y cómo estar preparado. Pero luego, dejándoles ir, como nuestros padres hicieron con nosotros.
Y un profesor en Nueva York de hecho asignó a sus estudiantes, ‘Iros y haced un proyecto free-range’. Entonces, algunas de las cosas que hicieron los niños eran absolutamente patéticas. Podían decidir qué hacer y algunos de ellos, por ejemplo, ¡hicieron un huevo frito! ¡Estamos hablando del curso de niños de once años! Y luego dicen cosas como: ‘Oh, estaba tan contento por haberlo hecho, aunque pensé que iba a quemar la casa’.

Una niña tuvo que convencer a su madre, ‘Por favor, déjame hacer un proyecto’ y la madre dijo, ‘No’. Y ella dijo:
‘Sólo déjame ir y llamar a las puertas de nuestros vecinos, así podré conocer a la gente que vive en nuestra planta. Hemos vivido aquí durante años. No conozco a todo el mundo en esta planta, en el rascacielos’.
Y la madre dijo, ‘No’. Y finalmente la niña dijo:
‘Pero, mamá, si ocurre alguna vez un incendio o algo, sería bueno conocer a los vecinos porque ellos podrían venir y salvarme.’
Entonces, finalmente, la madre dijo: 'Humm, vale’. La niña llamó en las puertas. Conoció otras dos niñas de su misma edad. Ellas iban a escuelas diferentes, pero las conoció.

Esto es lo que estoy diciendo: tenemos que salir, en el mundo. De hecho, una niña decidió hacer un pastel para sus padres. Y ella dijo que, de camino hacia la tienda (ella nunca había caminado antes hasta allí por sí misma), ella sintió como si todo el mundo estuviera enfadado. Ella miraba a la cara de la gente y se sentía como si la hubieran de secuestrar. Esta es su palabra: ‘Creía que me iban a secuestrar.' Después de estar por la tienda y encontrar todos los ingredientes, y pagar por ellos con su propio dinero porque quería que fuese un pastel de la 'independencia’, estaba llevando las bolsas hacia su casa. El camino a casa era completamente distinto. Ella dijo sobre su camino a casa (lo tengo aquí):
‘El camino a casa parecía mucho más corto y más placentero porque ya estaba acostumbrada al camino.’

Estamos hablando de que una hora, en el mundo, sola, cambió por completo su punto de vista, del mundo, de la gente dentro de él, de ella misma. Y esa es la razón para dejar salir a nuestros hijos, otra vez. Nuestros hijos necesitan una oportunidad para descubrir quiénes son, descubrir qué les interesa, mientras vuelven a casa, topan con el perro. Se dan cuenta del clima. Conocen a los vecinos. Mi hijo se encontró con una tienda de numismática y le dieron unas monedas gratis y luego le entró interés por las monedas. Esto no hubiera podido pasar nunca si lo tuviese en la burbuja todo el tiempo.

Nuestros hijos no son nosotros, ¿verdad? Cuando hacemos algo para ellos, es como si nos subcontrataran su infancia. Esto no es justo. Sabemos lo mal que se siente uno cuando la gente nos quita nuestros puestos de trabajo ¡en Bangalore! Esto es lo que estamos haciendo a nuestros hijos. Cuando ellos van solos, ellos descubren quiénes son. Y puedo contaros esto porque un chico me llamó, inesperadamente, cuando escucho la historia sobre Izzy solo en el metro. Me llamó y me dijo que su nombre era Irving. Y yo, ‘vale’.
‘Eres Lenore?’ ‘Si.’

El llamó para contarme cuando cogió el metro por sí mismo. El dijo que tenía diez años. Era invierno. Su madre dijo que podía hacerlo, pero que tenía que llevar con él a su hermana pequeña, que tenía ocho años. Subió al metro. Estaban en el primer vagón. Estaba nevando. Estaba mirando cómo la nieve caía en los raíles y se sentía increíblemente bien. Y eso era en 1929. Irving tiene noventa años. Casado durante sesenta y tres años.

Combatió en la Segunda Guerra Mundial, tuvo cinco hijos, nietos, biznietos. ¿Llamaba para hablar de qué? ¡El minuto en el que su madre creyó en él y le dejo hacer algo por sí mismo! Ese era el momento en el que Irving supo que él era quién era y siguió siendo ese niño hasta los noventa. Él es el niño, la madre del cual creyó en él para ir fuera y formar parte del mundo.

Y ¿sabéis qué? Podemos dar a nuestros hijos rodilleras para bebés. Les podemos dar clases de fútbol, clases de mandarín. Los podemos llevar a la universidad y ayudarles a instalarse y quedarnos por allí durante un par de semanas para asegurarnos de que están bien y llamar a sus profesores cuando sacan un Notable y nosotros creemos que se merecen un Excelente. Pero la confianza es algo que consigues por ti mismo. Por eso se le llama ‘auto-confianza’ y no ‘confianza-asistida-por-los-padres.’ Por eso se le llama 'autoestima' y no 'estima-asistida-por-los padres.' Cuando cambiemos nuestras actitudes hacia nuestros hijos, hacia el mundo exterior, y hacia nosotros mismos, les podremos dar algo que es un regalo que dura una vida entera. Se llama ‘infancia.’ Y ellos se la merecen.
Gracias.


Intervención de Izzy, hijo de Lenore Skenazy, y protagonista de su historia real.
Presentador: Buenos días, Izzy. Bienvenido a Madrid. Gracias por tu asistencia hoy. Bien, ante todo, ¿te lo has pasado bien en España?
Izzy: Sí, sí.
P: Izzy, de qué te acuerdas de ese día, el día en que tu madre decide dejarte solo en el metro de Nueva York? Cuando ibas hacia abajo en el metro, ¿estabas asustado? ¿Te entró el pánico? ¿Qué creías que te estaba esperando abajo?
Izzy:: Estaba pensando que estaba listo y pensaba que sería fácil porque he ido en él un montón de veces antes. Y cuando fui hacia abajo en el metro, me sentí mayor y más parte del mundo real.
Presentador: ¿Qué recuerdas exactamente de ese día?
Izzy: Recuerdo a mi madre dejándome en una tienda enorme y diciéndome, ‘Encuentra tu camino a casa’. Entonces, caminé hacia fuera de la tienda. Y dije, ‘Creo que cogeré el metro.’ Entonces, encontré el metro, que está sólo a un par de manzanas. Bajé las escaleras y tenía mi tarjeta del metro. Y pregunté al chico del cuartito: ‘¿Va hacia el centro o hacia las afueras? Quiero ir al centro'. Pero él dijo, ‘Va hacia las afueras.’ Entonces, subí hacia fuera, miré a ambos lados de la calle, crucé la calle. Y bajé por el otro, el que va al centro. Entonces, pasé mi tarjeta de metro y esperé el metro. Bien, el metro viene, y yo subo. Lo tomo durante un par de paradas y luego me bajo. Y luego, después de tomarlo, ya estaba, ‘¡Sí! ¡Lo puedo hacer solo! Y luego tome el autobús que cruza la ciudad, que para exactamente en mi casa, me bajé y me fui a casa.
P: Cuando llegaste a la escuela, ¿cómo fuiste recibido por tus compañeros de clase? ¿Dijeron: ‘ Y ahora, ¡éste es el hombre del día!' ¡Nuestro héroe! O dijeron: ‘Éste es Izzy’?
Izzy:: Solamente dijeron, ‘Sí, Izzy...hola’. Y luego, todos... un montón de niños ahora, cogen el metro y el autobús. Vienen a clase solos.
Presentador: ¿Es tu primer viaje fuera de los Estados Unidos? ¿Es la primera vez que estás en España?
Izzy:: Sí, sí.
P: Y tú estuviste el lunes en Barcelona y desde ayer estas aquí en Madrid. Estabas caminando solo. ¿Sentiste alguna diferencia, o alguna sensación especial, por ejemplo, ayer o el lunes en Barcelona? ¿O había alguna cosa parecida al primer día en que estuviste solo en el metro?
Izzy:: No era muy distinto aquí de Nueva York. Hay mucha gente, un montón de coches, muchas luces.
P: ¿Te sentiste seguro?
Izzy: Sí, sí. Muy seguro.
P: Pero seguro sobre tus alrededores...eran extraños para ti aquí en Madrid, o también en Barcelona ¿O estabas asustado de la velocidad del tráfico, de las multitudes?
Izzy: No, sólo cruzaba con el resto de la gente, y hay un montón de gente, entonces me siento seguro. Porque todo el mundo está pendiente de los demás.
P: Cuando tu madre toma la decisión de dejarte solo en el metro de Nueva York, alguien dijo que tu madre era la peor madre de los Estados Unidos...
Izzy: Sí. Lo hicieron. Un montón de gente le dijo eso.
P: ¿Lo es, o...? Izzy: No, no. No es verdad. Presentador: ¿Seguro?
Izzy: No es verdad.
P: OK. Muchas gracias por venir y estar con nosotros hoy en las Jornadas de Reflexión de Attitudes. Gracias.
Izzy: Gracias.
P: Y disfruta de tu estancia en Madrid y en España.


Conferencia de Lenore Skenazy

Jornadas de Reflexión Attitudes (8ª Edición)


(pdf. con la documentación de las jornadas)
Madrid, 28 de octubre de 2009





No he encontrado esta conferencia ni ninguna otra de Leonore Skenazy subtitulada en castellano. Es muy oradora muy divertida, así que, para los que sepáis inglés, comparto una conferencia con un contenido similar que dio en el Wheeler Centre Melbourne Octubre 2010.



Parte 1

Parte 2


Lenore Skenazy periodista y fundadora del movimiento Free Range Kids
fotografías: getty images

1 comentario:

  1. Me siento"mala madre" en muchos momentos del día a día, cuando no voy a buscar a mi hijo de 9 años , después del colegio y le dejo en el parque con otros niños hasta que voy a buscarle , pasadas un par de horas , desde que le dejo ir al colegio sólo sorteando semáforos y una carretera ,cuando le dejo ir soólo a la feria , con dinero , para tirar "al blanco".
    Me alegro que haya más "malas madres" por eso de "mal de muchos consuelo de tontos". El padre de mis hijos ha hecho crecer ese sentimiento de "mala madre" hacia mis hijos, que no les cuido , que me dan igual, que son un estorbo, etc...afortunadamente, ya no está....ni tampoco su culpabilidad

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