23 marzo 2014

Manifiesto a favor de los niños y niñas (3/4) [Asociacion Antipatriarcal]

(...anterior2/4...) Pero además de la familia está la escuela, que es la segunda institución de represión de las criaturas. La familia no basta. Desde el siglo XVII, la familia no basta. Los tiempos corren; vienen las declaraciones de los derechos humanos, la Ilustración, la revolución francesa… a grandes palabras de libertad se hacen necesarias grandes mentiras… Los métodos de sometimiento cambian. Las cadenas de hierro se cambian por el sistema de creencias que hay que inculcar. Por otra parte, la revolución industrial exige disciplina… ¡La escuela! ¡Qué gran invento para matar todos los pájaros de un tiro, y encima en nombre de la cultura y de la ilustración!

La misión de la escuela es inculcar la disciplina y una determinada manera de ver la historia y las cosas; es decir, la filosofía de la sociedad patriarcal. Las materias que se imparten son un medio para lograr estos fines. Pues está demostrado que toda la materia que se imparte durante los ocho años de la EGB se podría aprender a los catorce años en unos meses. Además, las cosas importantes el niño no las aprende en la escuela. Pero la cuestión no estriba en lo que el niño aprenda, sino en impedir que aprenda lo que quiera, cuando quiera y como quiera. Se trata de impedir, como ya dijo Einstein, que desarrolle su propia curiosidad, su propio interés por las cosas. La escuela tiene por cometido continuar el control minucioso de cada niño que sus padres solos no pueden realizar; se les impone la obligación de asistir a clases, que cubren, hora a hora la mayor parte del día. En cada hora de clase tienen unos deberes que hacer, unos cuadernos que presentar, unas lecciones que repetir de memoria. En ninguna cárcel se ejerce semejante control sobre un adulto. Ningún adulto tiene tan definidas todas las horas de sus días como las tienen los niños; ni en la peor de las cadenas de producción. Porque salen de la escuela, y en casa tienen que seguir haciendo deberes o yendo a tal clase extra que los padres le han puesto. En la desesperación un adulto puede mandar a la mierda un trabajo o a su cónyuge. Pero un niño desesperado no tiene opción a dejar a sus padres o a dejar la escuela aunque los padres o el maestro le peguen o le humillen continuamente. En cuanto a los rendimientos “ningún adulto soportaría el trance de ser calificado regularmente y examinado por lo menos una vez al año”, según el jefe de la Unidad de Psiquiatría infantojuvenil del hospital del Niño Jesús de Madrid.

Los niños se encuentran con todas las puertas cerradas con demasiada frecuencia y sin nadie a quien pedir ayuda. El número de llamadas al Teléfono del Niño en Holanda y las cifras de suicidios escolares son prueba de ello: el suicidio es la tercera causa de muerte en niños y adolescentes. Para sobrevivir los niños solo pueden hacer una cosa: someterse, obedecer, aprender las reglas de juego y funcionar de acuerdo con las expectativas de los adultos. Así se reproduce y perdura el sistema patriarcal.

El comportamiento de los niños que llegan por primera vez a Summerhill es clarificador: su primera reacción es un comportamiento 'educado' para hacerse aceptar; luego, viene una etapa totalmente 'antisocial' por la que descargan toda la represión interiorizada; y si se quedan el suficiente tiempo para desahogar la rabia contenida y darse cuenta que en Summerhill no funcionan las reglas de juego de la sociedad patriarcal y que allí son aceptados como son y son libres de hacer lo que quieran, entonces, cambian y demuestran que los niños no son por naturaleza malos, ni traviesos, ni antisociales; y que en unos pocos meses pueden aprender toda la materia que otros niños aprenden de memoria a golpe de disciplina en 8 ó 10 años. El ejemplo de Summerhill es excepcional, porque en ningún otro lugar del mundo conviven 63 niños con tanta libertad; niños que han sido educados más o menos según las reglas del mundo adulto y que sin embargo todavía son capaces de cambiarlas. Summerhill demuestra que es mucho lo que se puede hacer para defender a los niños. Que no es tan sencillo matar la vida del todo. Que hay miles de pequeñas resistencias que cada niño pone en marcha cada día.


Los niños cuestionan el orden doméstico y social asumido por los adultos, un modo de vida al que los adultos nos hemos adaptado.

Este cuestionamiento amenaza directamente nuestra rutina, lo que a veces creemos son nuestras pequeñas compensaciones (por ejemplo, un día tranquilo viendo la tele después de una semana de trabajo, etc.). Pero no nos amenazan porque sean malos ni por ganas de chinchar; lo único que pasa es que tienen una vitalidad que no se adapta a nuestro modo de vida. No podemos olvidar nunca que cuando les decimos 'no', cuando les obligamos a hacer las cosas, cuando les castigamos y maltratamos lo hacemos en nombre de un orden social al que con nuestro comportamiento estamos contribuyendo a consolidar. (...siguiente 4/4...)"
 

Asociación Antipatriarcal
Manifiesto a favor de los niños y niñas.
Grupo Donostia, Junio 1992
ilustración: Jesús Cossio

Este manifiesto lo puedes encontrar integro en  aprendizaje vital compartido
Gracias a Caso Omiso y a Anna Dragow por hacérmelo llegar.

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