28 marzo 2014

caos externo, orden interno [Rebeca Wild]


La cuestión del caos nos inquieta bastante. Estamos de acuerdo de que se trata de un pensamiento central pero aun así no sabemos bien qué hacer con ello. Hay algo en ello que no nos gusta. ¿Cómo podéis negar las estructuras que existen en el mundo? En vuestro entorno preparado el orden es más que patente.
R.W.» Porque precisamente en relación con la estructura interna es un caos. Aquello que cada organismo percibe desde fuera y utiliza para construir de ello su realidad depende totalmente de su estructura interna. Esta mosca, por ejemplo, está en el mismo entorno que nosotros. Pero lo que percibe y de lo que se sirve seguramente no es lo mismo que aquello que para nosotros tiene importancia. En todo caso no le preocupan nuestras discusiones sobre el caos. No olvidemos que el caos no significa nada. De los estudios se infiere claramente que el caos tampoco está exento de estructuras. Contiene todo aquello que los organismos necesitan para crear sus propias estructuras.

» De acuerdo, pero ¿cómo podemos establecer una conexión entre las ideas básicas del dentro y el fuera, de la estructura interna, del caos externo y la problemática 'educación'?
» Una vez se ha puesto en claro la cuestión del valor que tiene el respeto a los procesos de vida, muchas nociones que en mayor o menor medida tenemos de la biología encuentran un nuevo lugar. Ayer hablamos de la estructura tripartita de nuestro sistema neurológico. Este hecho de la 'realidad interna' biológica del hombre nos da unas indicaciones útiles acerca de cómo concretar nuestro respeto a diferentes niveles, o sea, cómo podemos poner en práctica la idea fundamental de 'fuera el caos, dentro la estructura'.
Cuando un niño viene al mundo lo más interno del sistema, su cerebro reticular, está tan activo que este organismo es capaz de regular su metabolismo y vivir fuera del entorno preparado del vientre materno -si bien un bebé que ha nacido sin contratiempos todavía es, en cierto sentido y en relación con su potencial, prematuro. Es un largo camino hasta que el niño pueda mantenerse de pie solo, como persona plenamente desarrollada. Necesita aproximadamente siete años hasta que su cerebro límbico esté lo suficientemente maduro, es decir, hasta que los movimientos y percepciones sensoriales del niño reaccionen con perfecta coordinación a las señales y no en razón de un chocar con el mundo. Por su constante enfrentamiento con el medio, se desarrollan determinadas estructuras para comprender las cualidades del mundo. Cuanto más diferenciadas sean las experiencias y más ajustadas a las necesidades de maduración, tanto más agudo será el olfato para las calidades y tanto mejor será el sentimiento de vida.
Entre aproximadamente los siete y los catorce años, las interacciones del niño están motivadas por un anhelo interno por construir una comprensión propia de las relaciones y regularidades del medio. Esta fase todavía sigue siendo 'sensomotriz', es decir, la vivencia tiene que estar directamente relacionada con el movimiento y la sensorialidad.
La motivación principal es la necesidad de desarrollar unas facultades cada vez más fiables, flexibles y precisas que den sentido al mundo. No se trata, por lo tanto, de 'apropiarse de un saber' sino de tejer una red propia en la que recoger las vivencias e interpretaciones propias y, por último, las de otros.

» Esto suena más bien a trabajo artesanal que no a ciencia. ¿Cómo hay que imaginarse el 'tejer una red'?
» Los neurólogos hablan de conexiones neuronales que son establecidas para que las informaciones puedan ser conectadas unas con otras. Un papel fundamental lo juegan aquí las proteínas, las 'mielinas’, que tienen la capacidad de hacer permeables y operativas las vías nerviosas. Cada interacción sensomotriz que emprende el organismo por interés propio desencadena este proceso interno.

» Pero ¿por qué por interés propio? ¿Qué hay detrás de ello?
» De estas breves indicaciones podéis inferir que desde la concepción a la madurez de un ser humano tiene lugar un largo proceso de desarrollo. El programa genético del ser humano tiene su propio plan interno y sus propias leyes a las que uno no se puede oponer impunemente.  Por un lado, no se puede acelerar el cumplimiento del plan y por otro se necesita un entorno adecuado para su cumplimiento.
Parte de este programa es que exista una predisposición a la conexión biológica entre el corazón y el cerebro, conexión que tendrá que madurar por un uso continuo. Aquí se trata de la funcionalidad de la voluntad que va surtiendo efecto de un momento a otro al tomar decisiones y que es puesta en consonancia con la realidad externa y la interna por medio de un vivir directamente las consecuencias.

Rebeca Wild
Ed. Herder, 2003. Pgs.65-67
fotografía: Alan Laboil 

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