17 febrero 2014

pensando en la sillita

Cuando vea sillitas de pensar en los despachos a donde los empleados podamos mandar a los directivos a reflexionar cada vez que meten la pata.
Cuando se instalen sillitas de pensar en los colegios a donde los alumnos puedan acompañar a los profesores cada vez que se equivocan al dar la clase.
Cuando me encuentre sillitas de pensar en las casas donde los hijos puedan enviar a pensar a los padres cuando hacemos algo que les disgusta.
Cuando los adultos aceptemos de buen grado que nos sienten en una silla a meditar sobre nuestras acciones.
Cuando nos creamos realmente que es por nuestro bien.
Cuando nos levantemos alegres, agradecidos y con sincera voluntad de enmendar nuestro comportamiento.
Entonces, y solo entonces, comenzaré a plantearme que la sillita de pensar sea una herramienta de educación y no una edulcorada forma de castigo, manipulación y humillación.

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