02 febrero 2014

Manifiesto a favor de los niños y niñas (1/4) [Asociación Antipatriarcal]

“Desde el nacimiento el bebé tiene un destino: su domesticación para la sociedad patriarcal. Ha de convertirse en un adulto, en hombre o mujer capaz de funcionar en esta sociedad dividida en herederos y desheredados y jerarquizada en todos sus estratos; obedeciendo y dando las órdenes que regulan todos los aspectos de la vida pública y privada; luchando por obtener, mantener e intentar ampliar una cuota de poder; capaces por ello de comerse al de al lado y ocupar su puesto; y capaces, en fin, de contribuir a reproducir las instituciones, las normas y los seres humanos que forman esta sociedad.

Pero los bebés no nacen con deseos de lucha y de violencia; nacen con deseos de ternura, de afecto físico y de vida plácida; no desean ni están preparados para la guerra sino para el entendimiento. El cambio no se puede resolver con demasiada rapidez. Un niño no se convierte en un adulto de la noche a la mañana.

La guerra entre adultos y criaturas es la resistencia de la vida humana frente a la sociedad patriarcal; en cada caso dura varios años; y es implacable y sistemática. Esta guerra no se nombra ni se menciona: oficialmente no existe (lo llaman 'educación' para despistar). Pero basta un breve repaso de los artefactos, artilugios y barreras de todo tipo que se les aplica; de las palabras despectivas, agresivas y cargadas de violencia que se les dirige; de la programación total y absoluta, hora a hora, día a día, año a año, que se hace de su tiempo, de lo que deben hacer, decir y sentir, para que esta guerra de los adultos contra los niños quede al descubierto.

No se trata, pues, de una guerra que se resuelva en una sola batalla, aunque las hay unas más imprescindibles e importantes que otras; es una guerra de desgaste; es una doma que necesita habilidad técnica y tiempo; los pedagogos y psicólogos, los profesionales especializados en la doma de seres humanos, lo saben y no cesan de buscar y de perfeccionar las técnicas de educación precisamente para evitar los excesos de los adultos que se ven acometidos por la prisa de que sus hijos o alumnos se comporten enseguida como ellos y dejen de molestar y dar guerra. Con frecuencia se carece de la paciencia necesaria para ser buenos domadores, porque estamos bien adaptados y tenemos asumido este orden establecido como nuestro modo de vida; y los niños vienen a incomodarnos, a cuestionar nuestra precaria estabilidad. No se nos ocurrirá ponernos en su lugar, comprender sus necesidades y cuestionar así juntos el sistema, porque estamos dentro de él y una de sus premisas fundamentales es ese credo infantil según el cual los niños inevitablemente son un trasto y dan guerra hasta que aprenden buenos modales, se les educa y llegan, como se decía antes, 'al uso de la razón'... adulta.

Estamos en la Asociación Antipatriarcal (del lado de los niños y de las niñas) para intentar defenderles con todos los medios y fuerzas que podamos. Sabemos que muchos adultos actúan inconscientemente, repitiendo lo que sus padres hicieron con ellos, considerándolo como lo normal, lo que se debe hacer. Por ello queremos desvelar este sistema de represión de niños, poner al descubierto su sistema de creencias: cambiar los cristales opacos por otros traslúcidos que dejen ver, eslabón a eslabón, toda la cadena de medidas que sistemáticamente se toman para oprimir la vitalidad de las criaturas y vencer su resistencia.

Para ello se requiere un esfuerzo de memoria. Un esfuerzo de desidealización de la propia infancia. El recuerdo de lo que nos pasó cuando fuimos niños. Dejar hablar a la herida, no al montaje idealizado que a lo mejor nos hemos hecho para que no nos duela. Todo el mundo tiene su criatura interior que es el recuerdo consciente o inconsciente de lo que fue y de lo que le hicieron. Ese recuerdo es lo que nos tiene que incitar y empujar a defender a las criaturas de ahora. Ellas no pueden hacerlo; de entrada lo ignoran todo de este mundo; y aunque pronto empiezan a conocerlo, tampoco van a tener ningún margen de maniobra, no van a poder hacer nada porque un poder omnímodo e implacable se lo va a impedir. Las posibilidades de defensa de las criaturas son siempre reducidísimas; y, aunque físicamente aumentan según van creciendo (rabietas, pataletas, travesuras), los adultos se guardan muy bien de ir bastantes pasos por delante para poder con ellas (castigos, bofetadas, amenazas, chantajes). Es por tanto urgente y muy importante, como decía Christiane Rochefort, que los adultos que no hemos perdido la memoria, que no queremos olvidar ni traicionar nuestra infancia, nos pongamos del lado de los niños. En este afán queremos hacer un breve repaso de la sistemática represión que sufren niños y niñas.

La psiquis o alma humana no la insufla Dios ni la herencia sino que se constituye ante todo por el entorno afectivo que rodea a la criatura. Por eso, lo primero que la sociedad patriarcal hace contra una criatura es privarla del amor físico maternal, del entorno afectivo y del cálido contacto humano que necesita, y darle a cambio una serie de sustitutivos que aseguren su supervivencia controlada. Los paritorios, los nidos separados de las habitaciones de las madres, médicos, puericultoras, cunas, cochecitos, sillitas, ropas abundantes que aíslan su piel de todo posible contacto con la piel de sus mayores, chupetes, biberones, leche artificial, forman parte del engranaje que se pone en marcha para privar al bebé del contacto físico que necesita.

Pues la ternura y el cariño físico que el bebé necesita continuamente lo obtendría fácilmente si la sociedad le permitiese mamar de su madre, desde el instante mismo del nacimiento y cuanto gustase, porque de ese modo, al mismo tiempo que se nutre, consigue el calor y el contacto necesarios. En cuanto a la madre, se trata de que pueda privar a su criatura del amor y del contacto físico que necesita sin aparente contrariedad por su parte; para ello, se ha convertido la maternidad en una cuestión de médicos, dolorosa; en el transcurso de los siglos, se ha insensibilizado su cuerpo para convertirlo en cuerpo sin sentimientos, en máquina reproductora, de tal manera que pueda sustituir su piel por un pedazo de plástico y su regazo por una cuna sin la menor resistencia por su parte. A pesar de todo la mujer sufre 'depresiones post-parto' para las que se dan todo tipo de explicaciones encaminadas a seguir ocultando la verdad.

Por parte de la criatura, se piensa que hasta que no aprenda a hablar, no entiende ni se entera de nada; que le da igual un pezón de plástico que uno de verdad; que le da igual el calor de la calefacción y de las mantas que el calor que da el cuerpo humano; que le da igual estar en una cuna que estar en un regazo, o en brazos; que le da igual el movimiento de la cuna cuando se le mece o del cochecito, que el movimiento cuando es desplazado en brazos de un ser humano. Estamos tan acostumbrados a la frialdad de las relaciones humanas basadas en la lucha por el poder que no percibimos las necesidades de las criaturas.

Hay que recordar también el papel que juega el tabú del incesto en estos momentos para transformar el amor carnal que proviene de las entrañas de la madre en el amor maternal espiritual que debe ayudar a transformar las relaciones de tú a tú entre madre y bebé en relaciones de autoridad; y que también ha de servir para cambiar las ansias de ternura y de entendimiento de la criatura, por las simientes de la agresividad y de la voluntad de hacer daño.

En toda esta etapa el bebé solo tiene un arma: el llanto. El bebé está preparado para llorar para llamar la atención de los adultos en caso de emergencia, de alguna amenaza exterior imprevista: pero el bebé no está preparado para defenderse de su propia madre. Además, para no acudir cuando el bebé llora reclamando contacto físico, nos han dicho y nos hemos creído que el llanto de los niños es normal (para 'hacer pulmones' etc.). De este modo neutralizamos su única arma de defensa. Y si nos molesta el llanto, se han inventado sonajeros, aparatos de música, cunas que se pueden mecer, chupetes de plástico... aparatos sustitutivos de los brazos y de los pechos humanos. Y cuando no basta, se cierran las puertas para no oírle.

También está lo de que 'no le cojas que se malacostumbra', para cuando se constata que, en un principio, el bebé se calla cuando se le coge en brazos (entonces se dice, "qué tunante, cuánto sabe"). La resignación de la criatura tarda en llegar porque su vitalidad es enorme. De hecho, los adultos solo empiezan a considerar 'anormal' el llanto cuando un niño tiene ya algunos años de edad.

La primera lucha en defensa de los niños es desmentir el engaño de que es normal que los niños lloren y que no entienden ni se dan cuenta de nada (porque no saben hablar). Desde que Leboyer y sus compañeros del 'parto sin violencia' demostraron que un bebé al nacer no tiene por qué llorar sino que, bien al contrario, puede sonreír, nadie, nadie puede honestamente permanecer inconmovible ante el llanto de una criatura humana. Y si un bebé se calla cuando se le coge en brazos es porque 'sabe' de la vida mucho, mucho más que nosotros.

Desde esta edad temprana los adultos ya deciden cuándo y cuánto la criatura tiene que comer y dormir, y qué ropas deben cubrir su cuerpo. Esto no es en absoluto intrascendente. Esta es una forma de alcanzar en lo más íntimo la vida de las criaturas. Por eso es normal que la guerra se centre en muchos casos en estos particulares: el niño que no quiere comer, el niño que duerme 'mal' es el niño que se resiste, que lucha como puede. Porque ahí el niño puede luchar: el adulto no puede tragar o masticar por él, el niño se atrinchera en ese reducto de libertad.

Por ello debemos estar también aquí de su lado, diciendo que hay que permitir, aunque ello perturbe nuestros planes y trastorne nuestro orden doméstico, la autorregulación de sus cuerpos, como proponía Wilhem Reich.

En todos los campos del conocimiento, de tiempo en tiempo, aparecen 'especialistas' honestos -como Leboyer, Odent, Liedloff, Reich, Neill, Holt, Miller- que se dan cuenta de las mentiras del saber académico oficial que cimenta el orden establecido; y aunque estos especialistas no tengan un punto de vista global a favor de los niños, los descubrimientos y experiencias que hacen, cada cual en su campo, son un ayuda valiosísima para su defensa. (...siguiente 2/4...)"

Manifiesto a favor de los niños y niñas.
Grupo Donostia, Junio 1992
ilustrador desconocido


Este manifiesto lo puedes encontrar integro en  aprendizaje vital compartido
Gracias a Caso Omiso y a Anna Dragow por hacérmelo llegar.


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