03 febrero 2014

Las nuevas madres [Naomi Stadlen]

“Cuando nace un bebé, la vida de una mujer cambia comple­tamente. «Lo más curioso de estar embarazada y ser madre es que, aunque sabemos que lo uno lleva a lo otro, no tienen el mismo efecto psicológico —señala Nigella Lawson—. Cuando poco después del parto una amiga mía dijo que sabía que esta­ba embarazada, pero que nadie le había dicho que iba a tener un bebé, supe exactamente qué quería decir.» Lo mismo les ocurre a las madres a las que he leído este pasaje.
Las nuevas madres recuerdan a veces sus clases preparato­rias y se sienten traicionadas. Pero estas clases sólo pueden pro­porcionar una pequeña preparación para vivir con un bebé. Cuando una madre va a estas clases, sólo le faltan unos meses para dar a luz, y, como es lógico, lo que más le preocupa es el parto. Los cursillos prenatales responden a la necesidad de in­formación sobre el parto, que es un tema práctico. Las madres están receptivas y dispuestas a aprender. Puede que escuchen de forma selectiva y recojan información para después del parto. Pero aunque no lo hagan, la falta de preparación a la que se en­frentan hoy en día la mayoría de las nuevas madres no se puede compensar con unas clases prenatales.

Fui a clases y leí muchos libros. Creía que estaba bien informada. Pero nada te prepara para esto. Soy profesora, y me habría ido mejor si hubiera dado a luz a un niño de cinco años. El parto fue bien, y ahora me doy cuenta de que era eso para lo que me había preparado. No había hecho nada tan difícil en mi vida. Me siento muy incompetente. Estoy sola, y sigo pensando que hago mal las cosas. Es duro, y para mi es difícil decir que es duro. [A, 5 semanas]

Estaba muy bien informada sobre el embarazo. Pero el embarazo es una tontería comparado con lo que viene después. [0, 3 meses]

¿Por qué no te lo dice nadie? Te hablan del parto, de los fórceps, de las ventosas y de la cesárea. Pero nada para después. Creía que le pasaba algo a A porque durante dos meses más o menos quería que la llevara en brazos a todas partes. No podía dejarla en ningún momento, ni siquiera para ir al baño. Puede que no les pase a todas las madres, pero no creo que sea tan raro. ¿Por qué no te lo dice nadie? [A, 4 meses]

Aún me acuerdo del momento exacto cuando volvimos del hospital. O estaba en la silla del coche, y le dejé en la habitación delantera de nuestra casa, en la que había­mos vivido muchos años. Entonces pensé: «¡Socorro! ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Qué hago con este bebé?» Toda la preparación era para el parto. No había nada para después. [O, 9 meses]

Puede que estas declaraciones suenen dramáticas. Sin em­bargo, la realidad es de repente dramática. De la noche a la mañana una madre se encuentra en un nuevo territorio. Incluso los aspectos más triviales de su vida cotidiana cambian por com­pleto. Cuidar a un bebé significa que las situaciones que antes parecían normales y seguras, ahora están llenas de riesgos y pe­ligros inesperados. Un bebé depende de la vigilancia de su ma­dre. Si ves a una madre en la calle con aspecto soñador, es muy probable que se encuentre en un momento «seguro». Si la so­bresalta algo, verás cómo se pone en alerta inmediatamente. In­cluso la mujer más relajada sabe que como madre debe ser práctica.

Me siento como si hubiera subido al Everest después de haber hecho hoy tres cosas para las que he tenido que hacer un montón de planes. [A, 5 semanas]

Cuando P y yo vamos a dar un paseo (llevando a O en su cochecito) e intenta hablarme, no puedo escucharle. Es­toy demasiado ocupada diciéndome a mí misma: «Cui­dado con ese escalón. Ahí delante hay una grieta en la acera. Socorro, un ciclista». Eso es lo único en lo que soy capaz de pensar. [O, 6 semana.]

Todas las mañanas, cuando pienso adónde voy a ir con 0, tengo en cuenta cómo se llega a un sitio, si hay esca­leras y cómo me las voy a arreglar con el cochecito. No puedes ir a los sitios como antes. (0, 3 meses]
Una parte de mi personalidad es un poco frívola, mien­tras que la maternidad es muy práctica. [A, 4 meses]

Todo esto puede ayudar a explicar por qué las nuevas ma­dres suelen sentirse aisladas de las amigas que no tienen hijos. Se sienten como si hubiesen cruzado una línea divisoria, y cuan­do miran al otro lado ven a esas amigas en un estado de igno­rancia que no les cuesta reconocer.

Mis amigas me llaman y me dicen: «¿Vienes a tomar unas copas? Va a ser una noche genial». No tienen ni idea. Aunque quisiera ir, ¿qué creen que puedo hacer con O? Pero recuerdo que yo también era así. [0, 2 meses]

Hace mucho tiempo se esperaba que una mujer sin hijos se ofreciese a ayudar si una amiga suya tenía un bebé. Actualmen­te las mujeres se sienten liberadas de esta presión tradicional, pero esa nueva libertad deja a una mujer sola cuando se con­vierte en madre. Entonces le puede resultar difícil conseguir el afecto y la comprensión de sus viejas amigas cuando más las ne­cesita. Una antigua amiga puede ayudar a recordar la impor­tancia de la maternidad.
Es posible que sus amigas no entiendan lo que siente por su bebé, que se ha convertido en una persona trascendental en su vida. Cuando una madre está embarazada, el bebé se puede con­siderar algo personal, que sólo les incumbe a ella y a su pareja. Pero cuando nace se convierte en un nuevo miembro de la socie­dad, y la gente hace comentarios sobre él que pueden preocupar a la madre.
Es posible que sus amigas no entiendan lo que siente por su bebé, que se ha convertido en una persona trascendental en su vida. Cuando una madre está embarazada, el bebé se puede con­siderar algo personal, que sólo les incumbe a ella y a su pareja. Pero cuando nace se convierte en un nuevo miembro de la sacie­dad, y la gente hace comentarios sobre él que pueden preocupar a la madre.
A estaba llorando, y un amigo dijo: «Es una pequeña prima donna». Me sentí muy ofendida. Él no tiene hijos, pero estaba juzgando a mi hija. [A, 2 meses]

En nuestro grupo de madres había un niño con las orejas muy abiertas. No tenía importancia. Enseguida le crece­ría el pelo y tendría el mismo aspecto que los demás. Pero otra madre dijo: «¡Qué orejas de soplillo tiene!» Entonces la madre del bebé se acercó a él y empezó a acariciarle la cabeza. Era evidente que se sentía muy dolida. Quieres que acepten a tu hijo. [0, 11 meses]

La sensibilidad de una nueva madre parece ser funcional. Por una parte está aprendiendo a percibir cómo reacciona la gente ante su hijo. Si hay algún problema, hará todo lo posible por solucionarlo. Es la persona que conecta a su hijo con el res­to de la sociedad, y muchas veces se fija en detalles que nadie más ve. Ése es su «trabajo» como madre. El otro lado de su sen­sibilidad, que necesita para ser una madre competente, es una nueva tendencia a sentirse dolida con facilidad.
Conoce a su bebé de toda la vida. La mayoría de las madres no están preparadas para los intensos sentimientos que produ­ce esto. Muchas de ellas se definen a sí mismas corno «mujeres trabajadoras» y pretenden encajar a sus bebés en su rutina ha­bitual. No esperan sentirse tan unidas a ellos para no querer volver a trabajar, y esto afecta a sus planes de trabajo.
Los empresarios son cada vez más flexibles respecto a las madres. Ahora las madres pueden coger una «baja maternal» o una excedencia », pero se supone que es un plan a corto plazo. Los bebés se consideran una interrupción en el curso normal de trabajo. Esto puede animar a una madre a pensar que su empleo es más importante que tener un bebé. Las madres se suelen que­dar sorprendidas al descubrir que después del parto cambian sus valores. Por primera vez su trabajo, que antes significaba tanto para ellas, puede parecerles menos importante que su bebé.

Si dejo mi trabajo, se acabará mi carrera. Tengo un doc­torado en ciencias y me dedico a la investigación. He tardado años en llegar aquí. Me quedaré desfasada si dejo de trabajar. Pero quiero estar con mi hija. iNo me importa! [A, 3 meses]

(…)
Tener un bebé —como morir— es una de las grandes transi­ciones de la vida para las que no puede haber un ensayo previo. Pero eso no significa que no pueda haber una preparación. Por lo menos podemos prepararnos para estar desorientadas y conmocionadas. Ser conscientes de esto puede resultar muy útil. Cuando las madres intercambian historias sobre las dificultades de las primeras semanas después del parto, empiezan a sentirse más fuertes. Esto nos ayuda a ver nuestras preocupaciones con cierta perspectiva. Es posible que estemos conmocionadas cuan­do tenemos un bebé, pero al menos podemos reconocer que es lógico teniendo en cuenta nuestra falta de preparación.
Se espera que una mujer enamorada esté abstraída y soña­dora, y que una persona abandonada se sienta sola y tenga ga­nas de llorar. A las madres se les suele dar un periodo de «roda­je» de un par de semanas. Después de eso se espera que estén tranquilas y sean competentes. ¿No sería mucho más realista es­perar que las nuevas madres estén ansiosas, confundidas y muy emotivas durante los seis primeros meses? Si pudiésemos acep­tar que esto es lo normal para la mayoría de las nuevas madres, nos encontraríamos en una mejor posición para apoyarlas y respetarlas.
Sin embargo, es inevitable que una madre sienta una peque­ña conmoción al dar a luz a su bebé. La emoción más común que sienten las madres cuando ven por primera vez a sus bebés es sorpresa. Podría ser similar a conocer a una persona a la que sólo conocemos por carta después de nueve meses de corres­pondencia. Ciertamente nos hemos hecho una imagen física de la otra persona, pero la persona real es diferente. Esos nueve meses eran una especie de preparación. Pero ahora la relación ha comenzado de veras."

Lo que hacen las madres
Ediciones Urano, Barcelona, 2005; 
Cap. "Nada te prepara" Pág. 49 -  55
Fotografía: Tiffany Farley

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