26 febrero 2014

Hacer que nazca un niño no basta, también hay que traerlo al mundo [Boris Cyrulnik]

"El temperamento es, sin duda, un comportamiento, pero es también un «cómo» del comportamiento, una forma que tiene la persona de ubicarse en su medio. Este estilo existencial, desde sus primeras manifestaciones, se presenta ya completamente configurado. La biología genética, molecular y del comportamiento viene forjada por las presiones del medio, que son otra forma de biología. Sin embargo, esta biología viene de los otros humanos, de las personas que nos rodean. Y los comportamientos que adoptan respecto del niño constituyen una especie de biología periférica, un elemento sensorial material que dispone en torno del niño un cierto número de guías, guías a lo largo de las cuales deberá desarrollarse. Lo más sorprendente es que estos circuitos sensoriales, que estructuran el entorno del niño y guían su desarrollo, resulten materialmente construidos por la expresión de comportamiento de las representaciones de los padres. Si pensamos que un niño es un pequeño animal que es preciso adiestrar, le dirigiremos comportamientos, mímicas y palabras que se encontrarán ordenados por esa representación. Si, por el contrario, pensamos que las imposiciones de nuestra infancia nos hicieron tan desdichados que es preciso no prohibir nada a un niño, lo que dispondremos a su alrededor será un medio sensorial totalmente diferente. Lo que equivale a decir que la identidad narrativa de los padres provoca un sentimiento cuya emoción se expresa por medio de los comportamientos que se dirigen al niño. Estos comportamientos, provistos de sentido por efecto de la historia de los padres, constituyen el entorno sensorial que guía los desarrollos del niño.
Al llegar las últimas semanas del embarazo, el feto deja de ser un receptor pasivo. Se convierte en un pequeño actor que va a buscar en su medio las guías que más le convienen. Para analizar un temperamento, habrá que describir por tanto una espiral de interacción en la que el bebé, que ya ha adquirido sensibilidad hacia determinados acontecimientos sensoriales, se desarrolla preferentemente siguiendo dichas guías. Sucede que, materialmente compuestas por los comportamientos dirigidos al niño, la forma de esas guías se explica en función de la historia de los padres.
Es probable que este nuevo modelo de temperamento resulte sorprendente ya que une dos fenómenos de naturaleza diferente: la biología y la historia. Podemos simplificar esta exposición teórica en una sola frase: hacer que nazca un niño no basta, también hay que traerlo al mundo.
La expresión «hacer que nazca» describe los procesos biológicos de la sexualidad, del embarazo y del alumbramiento. «Traerlo al mundo» implica que los adultos disponen alrededor del niño los circuitos sensoriales y de sentido que le servirán como guías de desarrollo y le permitirán tejer su resiliencia.
De este modo podremos analizar el encadenamiento de las fases en el transcurso del crecimiento del niño y a lo largo del proceso de andamiaje de los temperamentos, el cual se levanta durante el período de las interacciones precoces. Nadie pensaría en dar comienzo a la historia de un bebé el día de su nacimiento. (…)

Por consiguiente, ¿podría actuar un determinado contenido psíqui­co de la mujer encinta sobre el estado del comportamiento psíquico del recién nacido? (…) El contenido psíquico, ya sea de euforia o desesperación, se halla constituido por una representación mental que pone en imágenes y pa­labras, en el escenario interno, la felicidad de tener un hijo o su dificul­tad. El contexto afectivo y social es justamente el que puede atribuir un sentido opuesto a un mismo acontecimiento. Si la madre está gestando el niño de un hombre al que detesta, o si el simple hecho de convertirse en madre como su propia madre evoca recuerdos insoportables, su mundo íntimo será sombrío. Ahora bien, las pequeñas moléculas del estrés atraviesan fácilmente el filtro de la placenta. El abatimiento o la agitación de la madre, su silencio o sus gritos cuajan en torno al feto un medio sensorial materialmente distinto. Lo que equivale a decir que las representaciones íntimas de la madre, provocadas por sus relacio­nes, ya sean éstas actuales o pasadas, sumergen al niño en un entorno sensorial de formas variables.
Cuando los estímulos biológicos respetan los ritmos del bebé, per­miten el aprendizaje de los comportamientos de apaciguamiento. Sin embargo, cuando la desesperación materna vacía el entorno del bebé o lo inunda con las moléculas de su estrés, el niño puede aprender a ale­targarse o a volverse frenético.
La historia de la madre, sus relaciones actuales o pasadas, partici­pan de este modo en la constitución de ciertos rasgos de temperamen­to en el niño que va a nacer o que acaba de nacer. Antes de la primera mirada, antes del primer aliento, el recién nacido humano se ve engu­llido por un mundo en el que la vida sensorial tiene ya una historia. Y en ese medio es en el que deberá desarrollarse."




Los Patitos Feos (La Resiliencia: Una infancia infeliz no determina la vida)
Ed. Gedisa, Barcelona 2002
Pág. 49 - 50 - 54
De cómo aprenden a bailar los fetos
pintura: Manuel Ruiz Pipo

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