22 enero 2014

Reconocer oficial y públicamente a la mujer su derecho a la sexualidad conduciría al ¿...? [Wilhelm Reich]


(…) Vista desde la perspectiva de la evolución social, la familia no puede considerarse como la base del estado autoritario, sino como una de las instituciones más importantes que lo sostienen. (…) Pero lo que en este contexto nos interesa no es la historia de la familia, sino la cuestión de saber cómo debe actuar la economía sexual para oponerse con éxito a la política sexual y cultural reaccio­narias, en el centro de la cual se sitúa, precisamente, la familia autoritaria. Un profundo examen de los efectos y los fundamentos de la familia autoritaria se hace tanto más necesario cuanto que la oscuridad reina sobre este punto, incluso en los medios revo­lucionarios. 

La familia autoritaria encierra en sí una contradicción cuyo conocimiento preciso es indispensable si se quieren tomar medidas de higiene de masas que sean eficaces. 

La perdurabilidad de la familia autoritaria no está fundada exclusivamente sobre la dependencia económica de la mujer y los hijos con respecto al padre y marido respectivamente. Para que unos seres en tal grado de servidumbre sufran esta dependencia es preciso no olvidar nada a fin de reprimir en ellos la conciencia de seres sexuales. De este modo, la mujer no debe aparecer como un ser sexual, sino solamente como un ser generador. La idealización de la maternidad, su culto exaltado, que configura las antípodas del tratamiento grosero que se inflige a las madres de las clases trabajadoras están destinadas, en lo esencial, a asfixiar en la mujer la conciencia sexual, a someterla a la represión sexual artificial, a mantenerla a sabiendas en un estado de angustia y culpabilidad sexual. Reconocer oficial y públicamente a la mujer su derecho a la sexualidad conduciría al hundimiento de todo el edificio de la ideología autoritaria. La reforma sexual conservadora ha cometido siempre el error de no realizar concretamente "el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo", de no plantear y defender, de modo neto y claro a la mujer como ser sexual que es, al menos en tanto que madre. Ha contado de­masiado por otra parte, en su política sexual, con la función de reproducción, en lugar de abolir de una vez por todas la identificación reaccionaria entre sexualidad y reproducción. Por todas estas razones no ha sido capaz de batir en todo el frente al misticismo.

Otro punto de apoyo de la familia autoritaria es la ideología de la "felicidad de la familia numerosa"; esta ideología no obedece solamente a los imperativos de un imperialismo belicoso, sino que tiene por objeto, sobre todo, minimizar la función sexual de la mujer en relación con su función generadora. La oposición entre la "madre" y la "mujer alegre", tal como ha sido expuesta por la filosofía de Weininger, corresponde a la oposición entre el placer sexual y la reproducción, tan característica del hombre reaccionario. Según este punto de vista, el acto sexual realizado por placer deshonra a la mujer y a la madre y hace de ella una prostituta ávida de placeres. La idea según la cual la vida sexual no sería moral más que si se pone al servicio de la reproducción, de que más allá de la reproducción no hay nada, es uno de los rasgos característicos de la política sexual reaccionaria. Esta concepción no deja de ser reaccionaria aunque esté sostenida por comunistas como Salkind y Stoliarov. 

El imperialismo belicista hace cualquier cosa por impedir que las mujeres se revelen contra el papel de "máquinas de parir" que se les ha impuesto. En consecuencia, hay que impedir que la función de la satisfacción sexual pueda impedir la de la reproducción. Además, la mujer consciente de su sexualidad no seguiría sin rechistar las consignas reac­cionarias que intentan esclavizarla. La oposición entre la satisfacción sexual y la reproducción sólo existe en la sociedad autoritaria y no en la democracia del trabajo; la cuestión es saber en qué condiciones ha de traer al mundo la mujer a su progenie: en condiciones favorables, protegida por la sociedad, o sin la protección necesaria a la madre y a los hijos. Si lo que se quiere es que la mujer dé a luz sin la menor protección por parte de la sociedad, sin garantías ni seguridad para la educación de los hijos, sin que ella tenga, al menos, el derecho de determinar el número de éstos que quiere traer al mundo, entonces es indispensable idealizar la maternidad y oponerla a la función sexual de la mujer. (…)"

Ed. Roca, México, D.F., 1973
Pág. 58 (Cap. V. La familia autoritaria en la perspectiva de la economía sexual)
fotografías: Arthur Rothstein

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