08 enero 2014

Percibir y Tejer la Vida [Cezar Wagner]

“Tomando la visión Biocéntrica como referencia, podemos decir que el "sentirse vivo" implica el acto de tejer nuestra propia vida en lo cotidiano, estando "dentro y fuera" del mundo — dentro, como corporeidad amorosa, fuera, como significación y sentido. Los dos modos constituyendo un solo acto, un solo gesto, una sola danza, en la cual se es pleno en concretización y subjetividad.
  
Tejer es danzar la vida, una danza de un mundo sagrado: es sumergir en una paradoja misteriosa que se impone frente al conocimiento y al propio espíritu humano, pero que tiene profunda resonancia en el corazón. Es permitirse como un participante de un gran baile y bailar lo sagrado en lo cotidiano, en la forma del conocimiento, belleza, misterio y amor.
  
Danzar, siendo plenamente el movimiento de las vísceras y de nuestros líquidos, el movimiento general de nuestro cuerpo en el espacio diseñando en el aire la forma de la creación y de la libertad; bailar, siendo el movimiento desdoblado del movimiento de la vida, del Cosmos, desdoblado de la danza de las energías/partículas, de la danza del polen, de las estrellas y de los animales, danza de la armonía que germina el caos y este, como padre, germina la madre que lo generó.
  
Danzar es tejer la vida, conspirar por el acto de vivir en el lecho natural de la realidad, de la cultura, en la dirección del tiempo, en una extraña ruta irreversible e incierta de oscilaciones, duplicaciones, turbulencias, caos, auto-organización, autopoyesis... Oscilaciones, duplicaciones, turbulencias, caos, auto-organización, autopoyesis... y así continúa. Tejer la vida, es a cada día, celebrar el acto creador, sentirse brotando por dentro y por fuera, percibirse poseedor de un potencial de vida capaz de proyectarse en múltiples posibilidades de realización y singularidad.
  
Al hablar de tejer la vida, estoy hablando de participar de la vida, de ser criatura y creador de esa danza cósmica revelada humana y bailada como historia. Participar a partir del sentirse vivo y del estar presente, sintiendo el corazón de la Naturaleza pulsando en nuestros propios ríos interiores, cuyas nacientes y desagües están en el infinito. Participar de la vida es nacer y renacer a cada instante, a cada día, de un útero, pintando en la pantalla de la realidad la existencia, bien antes de conocerla.
  
Participar es hacer del gesto un acto permanente de educar, libertando de la fusión las semillas que pulsan, vibran y quieren naturalmente germinar, pues somos semillas como las semillas, conectadas por una red de conexiones vitales, hilos de naturaleza que nos conectan entre sí y al infinito, llamando a bailar con autonomía y plenitud ese gran baile de comunicación y encuentro. Nada puede detener ese llamado, a no ser la propia vida en su fuerza auto-organizadora y auto trascendente.
  
Cada ser vivo es una semilla que vibra y se expande, conducida por una trayectoria inestable de billones de años. Somos semillas como la propia semilla; buscamos vínculo, nutrición y crecimiento. Al jardinero le cabe cuidar con amor, protegiendo y nutriendo, pues sus caminos se harán por cuenta propia, siguiendo los hilos de la naturaleza en dirección a algún lugar de la vida. Por eso la danza, el gesto espontáneo y amoroso del jardinero, la danza como acto de educar — acto de amor — una danza amorosa de germinación no un camino estrecho de valores e ideologías de un grupo dominante o de una sola cultura.
  
Cuidar de la Educación es cuidar de la vida germinando humana, es cuidar del amor. No es un camino fácil, es necesario sentir el corazón de la naturaleza y percibir la profunda y sutil realidad del desdoblamiento de la vida en diversidad, conexión, complejidad y autopoyestir. Entendemos la Educación de ese modo, una Educación permanente, Biocéntrica (Cavalcante, 1997, Bezerra, 1997), un vínculo de diálogo y amor entre personas generando y sustentando en la vida. Educar así es participar entero de la vida. Quien educa es Maestro y esta es la Naturaleza entre nosotros.
  
En fin, tejer la vida es construir un cotidiano de vínculo, un trabajo con sentido, con placer, abrirse al encuentro con las personas y luchar contra la opresión y la explotación, simplemente porque ama lo otro y la vida. Es aceptar y estimular la expresión de los cuerpos-combativos, de los cuerpos-estrellas, de los cuerpos-enamorados, en todas las edades, en casa, en las calles y en las plazas.”


Educación Biocéntrica – Un movimiento de Construcción Dialógica

Ed. CDH, Cearà 2004, Pág. 21 y 22.

Percibir y Tejer la Vida

Cezar Wagner
ilustración: Leandro Lamas

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