20 diciembre 2013

Vergüenza Tóxica [John Bradshaw]


"Estaba ahí cuando fuiste concebido.
En la adrenalina de la vergüenza de tu madre.
Me sentiste en el fluido del vientre de tu madre.
Te encontré antes de que pudieses hablar.
Antes de que entendieras.
Antes de que tuvieras ningún tipo de conocimiento.
Te encontré cuando estabas aprendiendo a hablar.
Cuando estabas desprotegido y expuesto.
Cuando eras vulnerable e indigente.
Antes de que tuvieras ninguna barrera.
Mi nombre es vergüenza tóxica.

Te encontré cuando eras mágico.
Antes de que supieses que estaba allí.
Separé tu alma.
Te traspasé hasta el corazón.
Te traje sentimientos de imperfección y defectos.
Te traje sentimientos de desconfianza, fealdad, 
   estupidez, duda, inutilidad, inferioridad 
   e indignidad.
Te hice sentir diferente.
Te dije que había algo mal en ti.
Manche tu divinidad.
Mi nombre es vergüenza tóxica.

Existía antes que la conciencia,
Antes que la culpa.
Antes que la moralidad.
Soy la primera emoción.
Soy la voz interna que susurra palabras de condena.
Soy el estremecimiento interno que te recorre sin que 
   tengas ninguna preparación mental.
Mi nombre es vergüenza tóxica.

Vivo en secreto.
En las profundas riberas húmedas de la depresión
   oscura y la desesperación.
Siempre aparezco furtivamente y te cojo desprevenido.
Vengo por la puerta trasera.
Sin ser invitado ni deseado.
El primero en llegar.
Estaba allí en el principio del tiempo.
Con Padre Adán, Madre Eva.
Hermano Caín.
Estaba en la Torre de Babel.
Y en la Matanza de los inocentes.
Mi nombre es vergüenza tóxica.

Provengo de progenitores “desvergonzados”, 
   del abandono el ridículo, el abuso,
   la negligencia, los sistemas perfeccionistas.
Estoy autorizado por la intensidad aterradora 
   de la furia de un padre.
Los comentarios crueles de los hermanos.
La burlona humillación de los otros niños.
El reflejo espantoso de los espejos.
La caricia que te deja helado y temblando.
La bofetada, el pellizco, la sacudida 
   que rompe la confianza.
Me intensifican.
Una cultura racista, sexista.
La condena justificada de los religiosos fanáticos.
Los miedos y presiones de la escuela.
La hipocresía de los políticos.
La vergüenza multigeneracional 
   de sistemas familiares disfuncionales.
Mi nombre es vergüenza tóxica.

Puedo transformar a una mujer, a un judío, 
   a una persona de color, a un homosexual, 
   a un oriental, a un precioso niño
En una puta, un perro judío, un negro, 
   un marica, un sucio amarillo, un cabrón egoísta.
Traigo un dolor que es crónico.
Un dolor que no se irá.
Soy el cazador que te asecha noche y día.
Cada día y en cada sitio.
No tengo fronteras.
Tratas de esconderte de mí.
Pero no puedes.
Porque vivo dentro de ti.
Te hago sentir desesperado.
Como si no hubiese salida.
Mi nombre es vergüenza tóxica.

Mi dolor es tan insoportable que debes 
   transmitirlo en forma de control, 
   perfeccionismo, desdén, críticas, 
   culpa envidia, juicios, poder y rabia.
Mi dolor es tan intenso 
que debes ocultarme con adicciones, 
   roles inflexibles, escenificaciones, 
   y defensas inconscientes.
Mi dolor es tan intenso. 
Que debes petrificarte y no sentirme más.
Te convencí de que me había ido
    - que ya no existía- 
   sientes ausencia y vacío.
Mi nombre es vergüenza tóxica.

Soy la esencia de tu codependencia.
Estoy en banca rota espiritual.
La lógica del absurdo.
El impulso de la repetición.
Soy el crimen, la violencia, el incesto, la violación
Soy el agujero voraz que alimenta todas las adicciones
Soy la insaciabilidad y la codicia
Soy Ahabero el judío Errante
    El Buque Fantasma de Wagner
    El hombre clandestino de Dostoievski
    El seductor de Kierkegaard
    El Fausto de Goethe
Deformo el quien eres en qué haces y tienes 
Asesino tu alma y te transmites por generaciones.
Mi nombre es vergüenza tóxica.

Esta meditación resume las formas en que tu niño maravilloso se hiere. La perdida de tu yoicidad es una bancarrota espiritual. El niño maravilloso queda abandonado y solo. Como escribió Alice Miller en Por tu propio bien, es peor que ser un superviviente de un campo de concentración.
Los presos maltratados en un campo de concentración... son libres internamente de odiar a sus perseguidores. La oportunidad de experimentar sus sentimientos, incluso de compartirlos con otros presos le evita tener que entregar su yo. Esta oportunidad no la tienen los niños. Estos no deben odiar a su padre... no pueden odiarlo... Temen perder el amor si lo hacen... Así los niños, a diferencia de los presos del campo de concentración, se enfrentan con un torturador al que aman.
El niño sigue viviendo en su tormento, sufriendo pasivamente o explotando de rabia, exteriorizando, interiorizando, proyectándose y expresándose de la única forma que sabe. Recuperar ese niño es el primer paso de nuestro viaje de vuelta a casa."
extracto del libro "Volver a casa
ilustrador@ desconocid@

1 comentario:

  1. Hay una pequeña gran diferencia entre vergüenza y culpa: Nos sentimos culpables por algo que hemos hecho, nos avergonzamos de lo que somos.
    Aunque esta diferencia puede parecer sutil cambia muchas cosas.
    La culpa es algo puntual, que se dirige a una acción, por lo tanto cuando nos sentimos culpables podemos hacer algo para remediarlo.
    Pero la vergüenza nos afecta en lo más íntimo de nuestro ser, nos sentimos avergonzados de ser (¡!), de nuestra propia identidad, y eso nos paraliza, nos deja desarmados y sin recursos. Para librarnos de la vergüenza necesitamos reconocerla, saber quién la puso ahí en primer lugar, porque la vergüenza nace de la comparación, de las palabras y los actos de otro que en algún momento nos hizo sentir que éramos “malos” e imperfectos, que no éramos dignos de ser amados tal y como éramos. Es tremendamente escurridiza y tiene mil caras y apodos. Son todos esos sentimientos que nos acompañan día a día y que devoran el placer de vivir en plena libertad.
    Gran parte de mi búsqueda personal va dirigida a diluir esa vergüenza toxica y volver a ser, simplemente ser.
    ika

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