03 diciembre 2013

¿Qué queremos de la educación? [Humberto Maturana]

"...la educación debe consistir fundamentalmente en un espacio de convivencia en el cual alumnos y profesores conformen un lugar de encuentro, acogida y respeto mutuo. Allí se formarán niños capaces de tomar decisiones desde sí mismos, capaces de respetarse y respetar a los demás, capaces de aprender cualquier cosa. Como consecuencia tendremos ciudadanos democráticos, serios y responsables. Y como estarán en condiciones de aprender cualquier cosa, aprenderán matemáticas, historia, filosofía, trabajos manuales, actividades físicas, etc., no centrados en la competencia sino en el placer de estar en la corporalidad, en la relación con los demás."
"Lo que guía la conducta humana son las emociones o confianzas básicas. Las relacionales. Desde esta perspectiva se puede dividir la historia de la humanidad en tres eras: la era de la colaboración y de la honestidad; la era de la apropiación y de la dominación; y finalmente, actualmente estamos en la posibilidad de pasar a la era de la honestidad y de la colaboración. En esta última he invertido los términos porque pienso que para colaborar en estos momentos tenemos que ser primeramente honestos. Lo primero que nos acontece en el encuentro con los demás, consciente o inconscientemente, es una pregunta por la honestidad.

La actual preocupación por los valores en la educación tiene mucho que ver con esto. En efecto, la posibilidad de pasar a la era de la honestidad no depende de leyes ni de ningún tipo de imposición sino de un acto intencional. Tampoco se trata de enseñar, por la razón o la fuerza, los valores esenciales a nuestros niños. La honestidad y la colaboración sólo se pueden dar como actos intencionales de las personas.

Es preciso dilucidar en qué consiste esa transición a la era de la honestidad. ¿Cómo se pasa de la era de la dominación a la era de la honestidad y de la colaboración?: haciéndolo, ya ahora. En tanto nos conducimos en la honestidad hacemos la honestidad y abrimos espacio a la colaboración. En muchos casos cuando se abren espacios de encuentro, de conversación honesta se abren igualmente espacios para el quehacer y aparece el placer en el hacer con los otros.

Refiriéndome a la historia propiamente tal quisiera señalar dos enunciados de validez sistémica, es decir, se refieren a cosas que pasan quiéralo uno o no, tanto a nivel humano como cósmico.

Primer enunciado: "cuando en un conjunto de elementos comienzan a conservarse ciertas relaciones, se abre espacio para que todo lo demás cambie en torno a las relaciones que se conservan".

Fíjense, en la potencia que hay en esto, cuando en un conjunto de elementos, sean personas u objetos, comienzan a conservarse ciertas relaciones, se abre espacio para que todo cambie en torno a las relaciones que se conservan. Veamos algunos ejemplos. Imaginemos a dos personas, un hombre y una mujer, se juntan, hacen una pareja, quieren estar juntos, y luego podremos ver cómo el resto de sus vidas cambia: cambia por dónde se mueven, cambia donde duermen, cambian las cosas que comen, cambian las personas con las cuales conversan, cambian los temas que tratan en sus conversaciones, cambian las cosas que hacen juntos y con los demás en torno a la conservación que es esta relación constituida por la pareja. Imaginen lo que implica estudiar en la universidad cualquier carrera y todo lo que acontece con la vida de un estudiante mientras conserva su relación esencial: la de ser estudiante. En otro orden de cosas, imaginen a un profesor que piensa y está convencido que uno de sus alumnos es flojo y toda su relación con él se sostiene en la conservación de su consecuencias que es posible suponer. Igualmente, en el caso de una empresa: si hacemos una empresa con el propósito de ganar dinero, todo girará en torno a la realización de la tarea de ganar dinero; y si hago una empresa que permita producir algo y a la vez ganar una remuneración que permita sustentar la vida sin la pretensión de ser ricos, las relaciones dependerán de este propósito fundamental.

En el ámbito educacional sucede lo mismo. Si en un colegio el objetivo principal es la disciplina, todo cambiará en torno a ese propósito fundamental. Si un colegio se preocupa principalmente de formar niños que se respeten a sí mismos, capaces de actuar desde sí mismos, que aprendan a ser ciudadanos conscientes y responsables, todo va a cambiar en torno a estos objetivos. A la larga, los colegios son reconocidos por las personas que producen.

Segundo enunciado: "La historia humana, y la de los seres vivos en general, sigue el curso de las emociones (en particular, de los deseos), no el de los recursos o la tecnología".

Lo que guía no es la tecnología sino el deseo de usarla. La tecnología es un instrumento para hacer cosas. La historia depende de nuestras emociones y deseos. La historia que construyan nuestros hijos será aquella que surja de sus deseos y emociones, es decir, de lo que quieran hacer. De ahí que el nivel más importante a nivel educacional sea precisamente el nivel emocional. El nivel emocional es el nivel formador de la persona. De hecho todos podemos aprender a usar instrumentos y cualquier actividad manipulativa porque, en definitiva, todos los seres humanos somos igualmente inteligentes. No es cierto que haya niños más inteligentes que otros. La diferencia está en las emociones, en lo que uno quiere. Si alguien quiere estudiar algo lo va a estudiar y lo va a aprender. Y lo contrario también es cierto: si a una persona no le gusta o no quiere saber sobre determinado tema no aprenderá nada al respecto. La capacidades intelectuales, la capacitación de las matemáticas, de la historia, de la biología, etc., son fundamentales como instrumentos de la cultura, pero son sólo instrumentos, que se aprenden desde la formación fundamental del niño que es la formación humana en el nivel emocional.

Una persona que se respeta a sí misma, que respeta a los demás, no tiene miedo de desaparecer en la relación. Por tanto, esa persona puede atender cualquier cosa, no tiene miedo a equivocarse y puede corregir su conducta. En cambio, la persona que no se respeta a sí misma y no respeta su relación con los demás tiende a desaparecer en la relación. Los niños que creen en respeto por sí mismos no van tener jamás miedo a desaparecer en la relación; podrán decir que no, no serán obedientes, pero tampoco serán rebeldes, sino que van a ser capaces de decir sí o no desde sí mismos.

Las emociones hacen cosas distintas con la inteligencia. La conducta inteligente ocurre en la participación, en la colaboración, por tanto, tiene que ver con la consensualidad.

Las emociones afectan la conducta inteligente. Concretamente, el miedo, la ambición, el enojo, la competitividad reducen la inteligencia humana. Tenemos incluso expresiones populares que se refieren a esto: tal persona esta "ciego de envidia", o "ciego por ambición", es decir, se trata de personas que afectadas por una emoción negativa restringen su mirada, su visión de las cosas. Tales emociones generan una negación del otro.

La única emoción que amplía la conducta inteligente es el amor. El amor es aceptar al otro como otro, al aceptar  la legitimidad del otro y sus circunstancias, uno "ve" al otro.

Si un profesor quiere que sus alumnos salgan mal en los exámenes lo primero que genera es inseguridad, miedo, ambición. Por el contrario, si quiere que salgan bien, genera confianza, respeto a través del amor. Si se respeta a los alumnos, lo alumnos se respetarán entre ellos y sabrán respetar a sus profesores y de esa manera surgirá un espacio de colaboración y acción común.

En una palabra, la educación debe consistir fundamentalmente en un espacio de convivencia en el cual alumnos y profesores conformen un lugar de encuentro, acogida y respeto mutuo. Allí se formarán niños capaces de tomar decisiones desde sí mismos, capaces de respetarse y respetar a los demás, capaces de aprender cualquier cosa. Como consecuencia tendremos ciudadanos democráticos, serios y responsables. Y como estarán en condiciones de aprender cualquier cosa, aprenderán matemáticas, historia, filosofía, trabajos manuales, actividades físicas, etc., no centrados en la competencia sino en el placer de estar en la corporalidad, en la relación con los demás.

¿Qué pasa con los valores? Los valores no hay que enseñarlos, hay que vivirlos. Idealmente, no deberíamos hablar de valores, sino simplemente vivirlos y testimoniarlos. De los valores se habla cuando no se viven, cuando están ausentes, cuando se experimenta su violación.

Nos interesa la educación de nuestros niños porque en definitiva queremos que sean felices. La felicidad está en la armonía del vivir con un sentido en el respeto por sí mismo y por el otro. Se trata de crear espacio para la felicidad, para la realización mutua, en el respeto y la colaboración. Esa deberá ser la tarea más importante de la educación: crear convivencia en la confianza, vivir los valores, y hablar de ellos cuando sea estrictamente necesario.

En el acto de respeto al otro, al niño, al joven de nuestras escuelas, se descubre que lo único que tienen es su propia historia, una historia que es preciso respetar y promover"

ilustración: Hollie Chastain

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