13 diciembre 2013

Mujeres Sedadas [Victoria Sau]

"Tenía que llegar y ha llegado. Esto significa que el movimiento de las mujeres se ha vuelto peligroso para quienes querían meras reformas adaptativas a los tiempos, pero sin cambiar nada. Hay demasiadas víctimas, demasiadas mujeres sedadas, y esto duele. Unas, desvanecidas o evanescentes en su anorexia; otras, depresivas y tratadas a base de psicofármacos; otras, absortas en su inconsciente, en busca de la piedra filosofal o el oro de los alquimistas. Con su opción, eso si, esa libertad que no se le puede negar a nadie, de rescatarse a sí mismas un día."
"El título de este artículo puede ser un error, la prueba de una contradicción que encierra otras muchas, o una llamada de alerta que no tengo derecho a hacer...Voy a explicarme.

Soy consciente de que las transformaciones sociales, culturales, y de alcance político que el movimiento de las mujeres tiene planteadas como objetivos, requieren su parte de parsimonia. No somos esas erinias furiosas de los tiempos inmediatamente anteriores al patriarcado -que los dioses amansaron con dádivas cuando tomaron todo el poder-, aunque ese es el fantasma que arguyen todavía hoy en contra nuestra. El patriarcado es un modelo de organización social que lleva más que siglos funcionando y que por lo tanto ha dado lugar a un sinfín de complejidades, de intereses creados, de complicidades y de corruptelas, tanto en las relaciones hombre-hombre como en las mujer-mujer y mujer-hombre. Un entramado de tal naturaleza no se cambia de forma sensata para que sea en profundidad, si no es paso a paso, a través de un proceso que lleva su tiempo. Más teniendo en cuenta que el futuro no existe si no es como prolongación del presente, las mujeres con presencia en este momento histórico se supone que han de gestionar el cambio no pensando en lo que suponen que harán las generaciones venideras, sino creando las circunstancias idóneas para que esas generaciones no tengan que preguntarse por enésima vez qué hacer, sino que sencillamente prosigan en lo dado. Como nosotras proseguimos en cierto modo lo que dejaron iniciado, las mujeres de la Revolución Francesa (el derecho de ciudadanía, por ejemplo), las de Séneca Falls (el derecho al dinero propio, entre otros), las sufragistas, y así sucesivamente. Y en esos ejemplos doy por incluidas todas las luchas de las mujeres de todos los países, incluido el nuestro.

¿Acaso las mujeres no estamos haciendo esto? Ahí es donde puede que mi título sea un error. Es asombroso darse cuenta -y ahora me refiero específicamente al Estado español- de lo que se ha hecho en este país en los últimos veinticinco años. Yo misma he participado en el mes de Mayo último en la celebración en Barcelona de los Vint anys de Feminisme, y el recuento de las tareas acometidas es ímprobo, desde las denuncias a la ciencia androcéntrica, hasta el derecho a la libertad sexual, la incorporación al trabajo y a la Universidad, la plataforma de mujeres para el Parlamento Europeo, la investigación, las publicaciones, las librerías de mujeres, etc. La tarea en coeducación es también notabilísima en todo el país, desde Galicia hasta Andalucía, desde Euskadi hasta Murcia, sin excepción. Desde Gijón me envían ahora mismo un libro: Diez años de comadres, en el que se comprueba cómo las mujeres de la Tertulia Feminista de esa población han desplegado una actividad casi frenética, tanto en lo lúdico -que también cuenta- como en lo serio: denuncias a la guerra, homenajes públicos a mujeres como Dolores Medio y otras ... Y así muchas más.

Pero quizá ahí mismo empieza la contradicción. Nunca aprendimos tanto en tan poco tiempo, titulé un artículo para El País-Catalunya, en Mayo del 96, del que me suprimieron precisamente el título. Pues bien, después haber aprendido lo aprendido: ¿qué? ¿cómo? ¿dónde?
El ambiente se ha vuelto sosegado. Una vez más nos hemos hecho laboriosas, sólo que en lugar de labores de encaje o de punto son labores culturales e intelectuales, de hondo calado incluso, pero de largo plazo. Hay trabajo para todas y por mucho tiempo, he comentado a veces en público y en privado. Y no obstante me pregunto:

¿Qué se han hecho de los textos, las ideas, la acometividad -ese rasgo de la personalidad que la filósofa Graciela Hierro, reconoce que ha faltado históricamente a las mujeres en tanto que grupo dominado-, que caracterizó al movimiento feminista de los años sesenta y setenta? ¿Por qué no se prosigue en las líneas de pensamiento para la acción que fueron abiertas entonces y de las que nos alimentamos todas en aquellos años? La defensa de la infancia, debidamente rescatada del orden patriarcal por una maternidad activa y eficiente (Christianne Rochefort, 1976 Les enfants d'abord); la dimensión política del lesbianismo: (Adrienne Rich, 1976-1978 Nacida de mujer); el consejo de Carla Lonzi: dejemos que el hombre toque el fondo de su soledad, la generalizada crítica al freudismo; la protesta bien fundamentada contra el modelo de unisexualidad masculina (Luce Irigaray, 1976-1982 Ese sexo que no es uno); el plan de renovación para un lenguaje no excluyente de lo femenino ...Falta una línea de continuación con el presente. Las mujeres jóvenes -y no tan jóvenes- que se van incorporando al movimiento desconocen, en general, los textos madre; se lee bastante lo último publicado pero sin conexión con el pasado, el cual se va haciendo progresivamente invisible, lo que precisamente habíamos criticado. En 1986 escribí lo siguiente: las señas de identidad de la nacionalidad y cultura a la que se pertenece, vienen dadas por categorías masculinas exclusivamente, como si las mujeres despertaran de un sueño a cada generación y encontraran que mientras dormían los hombres lo habían hecho todo. (Ser mujer: fin de una imagen tradicional). Es cierto que estamos rescatando del olvido o la invisibilidad a muchas mujeres del pasado: pensadoras, artistas, científicas, pero en cambio parecemos estar desvinculadas de las del pasado inmediato y poco coordinadas en el presente.

También parecen haber sufrido un frenazo los objetivos. A los más urgentes de aquellos años, se les fueron dando soluciones, más o menos dignas, -la ley de la interrupción del embarazo, por ejemplo, se la debemos no sólo a nuestra lucha, que la hubo, sino también a la benevolencia de una mayoría parlamentaria masculina-. Y, sin embargo, subsisten los grandes problemas como el paro, las bolsas de pobreza, la falta de recursos de las madres solteras, no condenadas ya moral ni jurídicamente, pero desconsideradas económicamente. ¿Qué decimos ante el derrumbe del Estado del Bienestar, que después de todo no era otra cosa que, bajo seudónimo, la maternidad ampliada, de la que nos habla Giulia Paola di Nicola (1991), concepto que significa la extensión hacia el exterior, lo social: la trascendencia, en una palabra.
Exterior... e interior: he aquí el binomio maldito. ¿No estará haciendo el feminismo trabajo de interior exclusivamente, bajo un camuflaje de exterior, avalado en parte por las cuatro Conferencias Mundiales? ¿Qué significado darles a estos términos en cada momento dado, en cada situación y circunstancia?

Quiero aclarar, antes de seguir adelante, que no estoy de parte de los dualismos, del pensamiento binario. Que el interior es tan importante como el exterior y viceversa. Precisamente por ello hay que hacer presencia en ambos espacios, hay que estar en todo, ser holísticas, como creo interpretar correctamente el concepto de Victoria Sendón. ¿Acaso la economía de mercado no nos afecta en tanto que seres-humanos-mujeres, y los presupuestos del Estado? ¿Acaso no hemos de revisar los Derechos Humanos a nivel de contenido, como hace dos siglos lo hicieron Olimpia de Gouges a título de genero gramatical? Por cierto, el Parlamento Europeo, en tanto que tal, todavía no los ha firmado, y las mujeres estamos en minoría.
No vamos a ser tan ingenuas de pensar que la reacción no está instalada también entre nosotras. La reacción exterior, la más visible, es fácil de percibir, pero no así la interior. Una de sus armas es la persuasión consciente o inconsciente.
La reacción exterior se encuentra en los discursos, más que científicos, oficiales, de los cuales el primero es el de la biofisiología. Esta escribe el primer mensaje naturalista contra el colectivo femenino. Las tres sangres de las mujeres son interpretadas por la cultura masculina dominante no neutralmente, a su favor, por supuesto, sino en contra de ellas. La primera es la sangre de la menarquía -y de las menstruaciones siguientes-, por medio de la cual cada joven niña pone de manifiesto que está en condiciones físicas de concebir, lo cual permitirá planificar demografía sobre su cuerpo. La segunda es la de la desfloración; con ella la mujer manifiesta que acepta al varón y el mundo masculino sin resistencias. La tercera es la del parto, donde el significado de las dos sangres anteriores queda confirmado. Desde la explicación patriarcal tanta sangre, sin equivalente en el hombre, es señal de naturaleza; de tener un cuerpo, un organismo no predispuesto como el del varón para la cultura, de modo que será la cultura de éste quien le organice la vida a las mujeres. Pero la explicación masculina es de un simplismo intelectual más propio, esta vez sí, de la naturaleza que de la cultura antes aludidas, caso de que creyéramos en tal dicotomía. Más elaborado y verdadero me parece algo que escribí en 1986 y que dice así: ...cada aspecto de su naturaleza (de las mujeres) es una ocasión para la responsabilidad, la toma de decisiones, el ejercicio de su libertad en definitiva. (Ser mujer: fin de una imagen tradicional). Lo cual queda corroborado por esta doble afirmación de la antropóloga francesa, Françoise Héritier, que ella misma subraya:
Lo social no es reductible a lo biológico.
No existe institución social que se base exclusivamente en la naturaleza.1
El problema está, pues en el poder. Poder de hablar, de redactar el discurso -sea falso o verdadero-, de distribuirlo y de obligar a que sea reconocido y acatado.

El segundo mensaje procede de la neuropsicología. La queja de las mujeres, su tristeza profunda de serlo en un mundo vaciado en molde masculino (Condesa del Campo Alange), es interpretado como un problema de descompensaciones químicas, de neurotransmisores. Responde al modelo médico -necesario pero a menudo no suficiente- que, voluntariamente o no, está al servicio de los criterios patriarcales de salud física y/o mental. Según estos los seres humanos que ofrecen resistencia a una buena adaptación son piezas averiadas que hay que reparar. Ausentes las madres del teatro del mundo, secuestradas en el foso, los hijos e hijas que ponen en el mundo son tomados como verdaderos objetos en lugar de como seres humanos con finalidad propia.

Pero de las diversas manifestaciones externas de los biologismos, todavía podemos defendernos. Dan la cara y llaman a las cosas por su nombre. Es lenguaje explícito que tolera el diálogo. Aunque susceptibles de ser manipulados, los datos que se manejan son verdaderos. Pero ¿y la psicología a secas?
La psicología se yergue como la guardiana de las vidas de las mujeres y los hombres del mundo occidental del siglo XX, con pasaporte para el futuro. En ella tiene cabida la reacción interior.
En el Libro Blanco sobre Los Estudios de las Mujeres en las Universidades Españolas (1975-1991), editado en 1995 por el Instituto de la Mujer (Ministerio de Asuntos Sociales), en el apartado Psicología podemos leer que el mayor número de trabajos en las áreas de Investigación, Publicaciones, Docencia y Divulgación, se ubica en la especialidad de Psicología Social, si bien:
... en su preocupación por mantener el rigor científico experimentalista, los trabajos han utilizado metodologías que favorecen el desarrollo de una perspectiva androcéntrica, desde la formulación de hipótesis, pasando por la utilización de técnicas estadísticas e instrumentos de evaluación, hasta la elaboración y/o elección de teorías.
El énfasis no androcéntrico, o sea, no reaccionario, se pone en la psicología cognitiva. Así es. A partir sobre todo de académicas norteamericanas, en los años setenta, se introduce en psicología cognitiva, o cognitiva-social el concepto de género, que es el punto de partida de un proyecto de renovación psicológica. Tanto la teoría como la práctica clínica toman otro sesgo. El contexto social es tenido en cuenta como un factor psicológico más y el papel subordinado de las mujeres en la sociedad emerge con fuerza, poniendo luz donde antes había oscuridad. Pero...
En los años ochenta, llegaron a nuestro país las teorías de la trascendencia de género de Pleck, de androginia de Bem, de comunalidad de Bakan, y otras en la misma línea. Esto tuvo alguna significación en las universidades, donde al menos alguien explicó estas teorías. Pero la reacción no se hizo esperar. No se le dio continuidad en la práctica de la psicología. En primer lugar, sólo se adhirieron a estas teorías las mujeres académicas, y no todas. También algunos varones, por supuesto, pero muy pocos. Así que la práctica de la psicoterapia, sigue estando en manos androcéntricas, en profesionales que no están por el cambio, sino al contrario, que trabajan las relaciones de pareja, las familiares, la violencia en el hogar y la terapia individual desde los parámetros clásicos y, por tanto, reforzándolos.

Simultáneamente, de forma sinuosa pero con resultados dignos del mejor marketing, la teoría y la práctica que se abren camino en la calle son el psicoanálisis. La moda se instala entre políticos e intelectuales, con referentes como el director de cine italiano, Bertolucci y el norteamericano Woody Allen. Pronto muchas universitarias recién salidas de la Facultad de Psicología se entregan en el diván a la especulación sobre su inconsciente, ajenas a todo lo demás, para darle una salida profesional a sus estudios. Bien es verdad que las universidades no canalizaban unas prácticas orientativas por modelos teóricos o escuelas. Curiosamente los términos psicología clínica y psicoterapia, son vampirizados por los y las psicoanalistas, de modo que sin explicitarlo están presentes detrás de esas denominaciones, como si esa fuese su marca registrada. Psicología clínica, significa trabajar con los sujetos de uno en uno, individualmente, y psicoterapia es el proceso por el que pasa este trabajo, sea racional-emotivo, conductual, cognitivo, gestáltico, humanista, etc.; pero por si acaso la confusión está servida. Muchas mujeres feministas se han incorporado también a la moda y han consentido bloquear el libre desarrollo de sus ideas, acostándose con el psicoanálisis, su enemigo natural de los años sesenta y setenta, cuando Freud era denunciado como el gran misógino -todavía lo es en muchos casos- y sus teorías, que tanto han perjudicado a generaciones de mujeres, eran denostadas desde los Estados Unidos hasta Europa. Las feministas ejercen la protesta viril, se agotan en la lucha por un imposible -ser hombres, tener pene- dice la teoría, mientras con otras palabras, el mensaje es deslizado en los oídos de las pacientes en una penetración más insidiosa que la sexual. Biologismo del espíritu se le ha llamado. Afortunadamente, no se psicoanalizó Mary Woolstonekraft, quien nunca hubiera escrito la Vindicación de los Derechos de la Mujer; ni Olympia de Gouges hubiera defendido con su vida los derechos de la mujer y la ciudadana; ni Flora Tristán publicado la Unión Obrera, además de dedicarse a la divulgación de sus teorías entre la clase trabajadora. Sirvan las tres de paradigma de todas las demás que han sido y son.

Dice la escritora S. Tamaro (Donde el corazón te lleve) que, en Italia, los psicoanalistas son un auténtico poder. Y en Francia, añadiría yo, Y en España, sólo que en la sombra, distribuidos en los medios de comunicación, en los lugares de responsabilidad y decisión, en los centros de higiene mental y otros, formando una élite que se comunica entre sí pero no con los demás, pues sólo ellos, exclusivamente ellos, tienen la verdad. Debo decir acto seguido que excluyo de este comentario al psicoanálisis argentino. No porque no sea patriarcal, como lo es de base toda la psicología, sino porque las universidades de ese país tienen organizada la carrera desde un modelo explicativo único: el dinámico o psicoanalítico. Esas personas no han tenido otra opción y muchas sacan buen provecho de ella. Pregunté en una ocasión a una compañera argentina si en su país se podía hablar todavía de una izquierda freudiana, al estilo de Europa en los años veinte y treinta (Fromm, Reich, Marcuse, etc.) y me dijo que no. Los conceptos derecha/izquierda habían desaparecido y lo único que diferenciaba a los y las psicoanalistas era si se comprometían con el tema de la mujer o no. A su manera era decirme que introducían, como ella misma, la variable género en la teoría y en la práctica. Claro que si la teoría cambia su núcleo, que es precisamente el de la diferencia de los sexos en su versión tradicional más pura y dura, deja de ser psicoanálisis. Del destino de quienes se rebelan desde dentro nos puede dar cuenta Luce Irigaray, cuyo castigo se supone que debe ser ejemplar. En este momento histórico en que la religión, en Occidente, no nos abruma con el peso de la ley, ni tiene poder para persuadirnos de nada que no queramos aceptar libremente, el mensaje genuino cristiano es mentalmente más sano y socialmente más transformador.
¿En qué realidad nos movemos hoy?

Mujeres que reclaman el derecho a amamantar a su criatura hasta los tres años o más -como si alguien se lo hubiera prohibido-. Mujeres que se codean a gusto con los varones defensores de la pornografía, como simple expresión de libertad sexual -no quiero decir que haya que prohibirla-. Mujeres que, ahora que las niñas y jovencitas demuestran un buen rendimiento escolar y haber superado complejos ancestrales ante los chicos, gracias a la escuela misma y la coeducación, recomiendan las aulas separadas como en los viejos tiempos de la dictadura, amparadas en razones de dudosa procedencia y en perversas recomendaciones psicoanalíticas -cito un programa-. Mujeres que se apuntan a la moda de las modelos anoréxicas, tanto como sujetos de su propio cuerpo, como madres de adolescentes. De esto al vendaje de los pies de las niñas, por parte de las madres en la China premaoista, y a la clitoridectomía de una parte de África no va tanta diferencia.
La reacción era de esperar. Tenía que llegar y ha llegado. Esto significa que el movimiento de las mujeres se ha vuelto peligroso para quienes querían meras reformas adaptativas a los tiempos, pero sin cambiar nada. Hay demasiadas víctimas, demasiadas mujeres sedadas, y esto duele. Unas, desvanecidas o evanescentes en su anorexia; otras, depresivas y tratadas a base de psicofármacos; otras, absortas en su inconsciente, en busca de la piedra filosofal o el oro de los alquimistas. Con su opción, eso si, esa libertad que no se le puede negar a nadie, de rescatarse a sí mismas un día.

El patriarcado sufre la crisis de ideas que era de esperar. Pero precisamente las mujeres tenemos esas ideas que faltan, ese plan de futuro. Que vengan, que nos pregunten, que colaboren. Muchas, muchísimas, estamos despiertas. Naturalmente despiertas, sin drogas.... de ninguna clase."





Mujeres Sedadas”  (Febrero 1997)

Vía: REPEM
Seminario Virtual REPEM: 
 "Los caminos del empoderamiento de las mujeres: educación para la inclusión".

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