19 diciembre 2013

Lo muerto arrastra lo vivo [Christiane Rochefort ]

"Para estimar aproximadamente lo que ha sido cercenado a nivel corporal, basta con comparar la agudeza de sentidos de un niño de 3 años, su permanente vitalidad, la intensidad de sus deseos, su mirada, su capacidad de asombro, su ternura, su ligereza felina e incluso su sueño, con los de un adulto medio. Este es como una lámpara ya apagada. A simple vista puede distinguirse en que puntos ha sido operado este adulto que ha pasado a ser un modelo de serie, y que por ejemplo se dirige a su despacho: solo utiliza una pequeña parte de su equipamiento sensorial: su musculatura está más o menos atrofiada, su columna vertebral está como soldada o amenaza con hundirse, su capacidad respiratoria se ha reducido, su sistema nervioso autónomo está bloqueado, sus plexos están anudados, su energía no circula, carece de ritmo, su cuerpo ha llegado a un punto tal en que debe prepararlo en un “club” antes de ir de vacaciones (si puede pagarlo); su sexualidad es miserable, esta totalmente lleno de enfermedades psicosomáticas  y de depresiones, así como de diversas drogas, su cerebro es un magnetófono, sus receptores están saturados, carece de mirada, duerme mal. Sus emociones negativas lo dominan; en cuanto a las positivas, prácticamente ha dejado de conocer el GOZO. Su facultad de relación ha quedado reducida a la retracción total: ¡el Otro le da miedo! Y todo esto, que no tiene, teme perderlo. Lámpara apagada que teme el menor soplo. Los adultos han acabado por creerse que es "natural" derrumbarse hasta este punto, ya que de lo contrario se pegarían un tiro. Pero no lo es: es una mutilación, realizada en los cinco primeros años de vida. Y tan profunda que todavía aspiran a transmitirla. Lo muerto arrastra lo vivo."

“Los Niños Primero”
Ed. Anagrama, Barcelona, 1977, pg.30
fotografía: Magda Berny

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