24 diciembre 2013

Las Hermanas de la Magdalena [Peter Mullan]


Estos días me está viniendo recurrentemente a la cabeza una película que vi en el 2002, “Las Hermanas de la Magdalena”.

Como la realidad muchas veces supera la ficción, lamentablemente ya conocía el guión mucho antes de que se filmase. Se lo había oído relatar años antes las mujeres de mi linaje materno.

Creo que es momento de que las mujeres hagamos un poco de memoria histórica, que reflexionemos muy seriamente sobre un pasado no tan lejano y que lamentablemente tiene visos de convertirse en futuro. Ojalá me equivoque.

Os aviso, la película es enormemente cruda, crítica, dura, dolorosa… y necesaria.
Para quien le interese profundizar dejo varios enlaces:
-Historia del Asilo de las Magdalenas
-Propuesta de debate y reflexión sobre la película elaborada por Amnistía  Internacional.
-Ficha técnica de la película (sipnosis, análisis socio-historico, análisis de los personajes, opinión del director…)




“Las Hermanas de la Magdalena” (“The Magdalene Sisters”), de Peter Mullan, se basa en la historia, desgraciadamente verdadera, de miles de mujeres rechazadas por sus propias familias y abandonadas a la misericordia de la Iglesia católica. Estas mujeres, a las que se internaba porque se consideraba que habían “perdido la gracia de Dios”, eran encerradas sin que hubieran cometido ningún crimen, únicamente por ser pobres, huérfanas, víctimas de violación, por haber tenido hijos sin estar casadas o por ser consideradas en “peligro moral”.

  La fundación de las casas de la Magdalena en Irlanda se remonta al siglo XIX como refugio para prostitutas y mujeres que habían “perdido la gracia de Dios”. Su nombre se debía a la figura bíblica de María Magdalena, ex prostituta que se arrepintió ante Jesucristo y tuvo el honor de lavarle los pies. A comienzos del siglo XX las casas pasaron a manos de la Iglesia católica, que impuso un régimen mucho más severo. La gestión de las casas fue confiada a las hermanas de la Misericordia, que obligaban a las mujeres a lavar la ropa blanca de los hoteles locales, universidades, instituciones, entre ocho y diez horas al día, siete días por semana, sin recibir retribución alguna. La sociedad, que juzgaba a estas jóvenes inadecuadas o “en peligro” en la vida normal, consideraba que ésta era la mejor forma de hacerles expiar sus pecados.

  A comienzos del siglo XX, Irlanda era un país devastado por la pobreza, y los servicios de asistencia social estaban sobrecargados. Las familias sufrían fuertes presiones para que recluyeran en instituciones a los hijos que hubieran manchado su buen nombre y a menudo los confiaban al cura del lugar. La Iglesia, por su parte, les animaba a que las sometieran a un encarcelamiento ilegal en las lavanderías de la Magdalena. El severo dogma de la Iglesia católica reinaba con mano de hierro sobre la sociedad irlandesa y permitió la existencia de tales instituciones hasta los años setenta. En el interior de estas casas, la vida sin esperanzas, los severos castigos y los abusos morales y físicos estaban a la orden del día.

  A las chicas, al llegar, se las despojaba de sus ropas y objetos personales, se les cortaba el cabello y les cambiaban sus nombres de bautismo por nombres de santas católicas. Se les imponía un severo régimen de trabajo, de oración y de descanso, y se las privaba de todo contacto con el mundo exterior: ni libros ni periódicos, ninguna relación con sus propias familias. Muchas de las antiguas internas han descrito su existencia de reclusas como peor que si hubieran estado realmente en prisión porque las lavanderías de la Magdalena negaban incluso los mínimos derechos que se mantienen en las cárceles. Retenidas en contra de su voluntad, algunas mujeres pasaron toda su vida encerradas tras los muros de los conventos de la Magdalena, vivieron y murieron completamente aisladas del mundo exterior. Además, las monjas nunca preparaban a las jóvenes para la vida fuera de sus muros, de forma que tras dejar las lavanderías de la Magdalena casi todas ellas tuvieron que afrontar su nueva vida con grandes problemas. El hecho de haber estado en estas instituciones era una vergüenza tan grande que casi todas ellas lo ocultaron e incluso muchas huyeron para esconderse.

  A las jóvenes que daban a luz sin estar casadas se las separaba de sus hijos, que eran entregados en adopción, y se las obligaba a firmar documentos que les impedían intentar buscarlos más adelante. Las monjas que gestionaban las casas estaban en connivencia con el sistema imperante, una sociedad que veía las muchachas como un peligro para los severos códigos morales de la Iglesia y de la familia. Justificaban este encarcelamiento como necesario para la seguridad de las muchachas, que estaban en peligro moral fuera de los muros de las casas. Además, la conspiración de silencio y vergüenza que rodeaba a las familias de las jóvenes era una clara señal de que éstas ya no tenían una familia o una comunidad a la que regresar. El embarazo fuera del matrimonio se juzgaba una pérdida de la gracia de Cristo y a los hijos de tales pecadoras se les consideraba en peligro, en el peligro de perderse durante las siete generaciones siguientes. A las hijas de madres desconocidas se las encerraba en orfanatos y, cuando cumplían diecisiete años, se las enviaba a las casas de la Magdalena para expiar los pecados de sus madres.

  En las décadas de 1950 y 1960, en las casas de la Magdalena escocesas, el tipo de vida más propio de las novelas de Dickens, una existencia de hambre, golpes y abusos, se tradujo en un aumento de las fugas y en revueltas. En los años setenta, algunas de las diez casas existentes en Irlanda fueron cerradas debido al bum del consumismo, que alentaba el uso de lavadoras, y por el debilitamiento del poder de la Iglesia católica sobre la sociedad irlandesa. En 1996 fue cerrada la última casa de la Magdalena dejando entre 40 y 50 mujeres, que todavía vivían allí, incapaces de afrontar la vida afuera. Hasta la fecha, la Iglesia católica todavía no ha pedido perdón formalmente a las mujeres de las casas de la Magdalena ni les ha pagado ninguna indemnización. La mayor parte de estas jóvenes se fueron de Irlanda para tratar de rehacer su vida en Inglaterra o incluso más lejos. Se calcula que 30.000 mujeres y muchachas vivieron hasta su muerte en las lavanderías de la Magdalena.

Acabar con el estigma
  La primera vez que se planteó públicamente la situación en que se encontraban las mujeres de las casas de la Magdalena fue en 1992, en Eclipsed, obra teatral de Patricia Burke Logan. Esta autora había trabajado en una de esas casas durante los años sesenta e intentaba acabar con el estigma que pesaba sobre tales casas: “Las mujeres, víctimas inocentes de una sociedad irlandesa puritana, eran encerradas de por vida, condenadas al olvido, anónimas incluso en la muerte”. Pocos años después, en 1997, la cantautora Joni Mitchell escribió “The Magdalene Laundries”, que se ha convertido en la canción de protesta no oficial de las supervivientes de las lavanderías.

La película
  Por su parte, el actor y director Peter Mullan escribió “Las Hermanas de la Magdalena” tras haber visto el documental de Channel 4 “Sex in a Cold Climate”, que mostraba las condiciones de vida de las mujeres de las casas de la Magdalena.

  Mullan se apasionó por este proyecto por varios motivos. Horrorizado por el sufrimiento oculto de las mujeres de las casas de la Magdalena, Mullan se sintió profundamente conmovido, al ver el documental, por la tremenda injusticia sufrida por estas mujeres, y se propuso que su historia fuera conocida por un público más amplio. Decidió hacer una película basada en cuatro historias distintas y empleó material de vídeo como fuente principal de su investigación. Tras haber visto varios documentales sobre las mujeres de las casas de la Magdalena, Mullan dejó que fueran ellas mismas las que hablaran y extrajo lo esencial de estos testimonios para hacer la película. “Es ficción, pero inspirada en sus historias”, dice el director, que confiesa haberse sentido impresionado por el poder absoluto que la Iglesia católica ejercía sobre la sociedad irlandesa: “Una vez, una mujer respondió a mi pregunta acerca de cómo era su vida cuando era joven en la Irlanda de los años sesenta diciéndome: Imagínate el KGB. Tenía razón. Era idéntico al KGB. Si un cura decía que quería tu hijo, tenías que dárselo, sin hacer preguntas. Se llegó a crear una extraña situación en la que la gente no cuestionaba a la Iglesia y la Iglesia no se cuestionaba nada”.

  Otra cosa que impresionó a Peter Mullan fue la longevidad de las casas de la Magdalena: “Creo que el Estado, la Iglesia y la familia conspiraron contra estas chicas a las que consideraban moralmente irresponsables. La teocracia, sobre todo la Iglesia católica, se consideraba guardián moral de las jóvenes”.

  Mullan ha ambientado la película en 1964, en los alrededores de Dublín. En una época en la que muchas mujeres estaban experimentando una nueva libertad cultural, cuatro jóvenes, desde el interior de las lavanderías de la Magdalena, combaten para sobrevivir al encarcelamiento. La historia se concentra en sus vidas durante su prisión y la difícil relación con las monjas que se han convertido en sus carceleras.”
Resumen extraido del blog "desde mi libertad"
imagen de la lavandería del Asilo de Las Magdalenas (principio s.XX) extraída de la wikipedia 

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