27 diciembre 2013

Estar en el cuerpo [Clarissa Pinkola Estés]

“Tendemos a pensar que el cuerpo es una especie de "otro" que cumple en cierto modo su función sin nuestra participación y que, si lo "tratamos" bien, nos hará "sentir a gusto". Muchas personas tratan su cuerpo como si fuera su esclavo o quizá lo tratan bien pero le exigen que cumpla sus deseos y caprichos como si en el fondo fuera su esclavo.

Algunos dicen que el alma facilita información al cuerpo. Pero imaginemos por un instante qué ocurriría si el cuerpo facilitara información al alma, la ayudara a adaptarse a la vida material, la analizara, la tradujera, le facilitara una hoja en blanco, tinta y una pluma con la cual pudiera escribir sobre nuestras vidas. ¿Y si, como en los cuentos de hadas de las formas cambiantes, el cuerpo fuera un dios por derecho propio, un maestro, un mentor, un guía oficial? ¿Qué Ocurriría entonces? ¿Es sensato pasarse toda la vida castigando a este maestro que tiene tantas cosas que dar y enseñar? ¿Queremos pasarnos toda la vida dejando que otros quiten el mérito a nuestro cuerpo, lo juzguen y lo consideren defectuoso? ¿Somos lo bastante fuertes como para rechazar la línea telefónica com­partida y escuchar con verdadero interés lo que dice el cuerpo como si éste fuera un ser poderoso y sagrado?

La idea que en nuestra cultura se tiene del cuerpo como simple escultura es errónea. El cuerpo no es de mármol. No es ésa su finalidad. Su finalidad es proteger, contener, apoyar y encender el espíritu y el alma que lleva dentro, ser un receptáculo de la memoria, llenarnos de sentimiento, ése es el supremo alimento psíquico. Es elevarnos y propulsarnos, llenarnos de sentimiento para demostrar que existimos, que estamos aquí, darnos un fundamento, una fuerza y un peso. Es erróneo considerarlo un lugar que abandonamos para poder elevarnos hacia el espíritu. El cuerpo es el promotor de estas experiencias. Sin el cuerpo no existirían las sensaciones del cruce de los umbrales, no existiría la sensación de elevación ni la de altura e ingravidez. Todo eso procede del cuerpo. El cuerpo es la plataforma de lanzamiento del cohete. En su cápsula el alma contempla a través de la ventanilla la misteriosa noche estrellada y se queda deslumbrada.”

El júbilo del cuerpo: La carne salvaje (pág. 169)
Ed. Sine Qua Non, Méjico 1988
pintor: Enoki Toshiyuki

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