19 diciembre 2013

Conocimiento Prohibido [Alice Miller]


“Al igual que Adán y Eva antes del pecado original, todos nacemos inocentes y, salvo contadas excepciones, todos nos enfrentamos a mandamientos, amenazas y castigos. Nuestros padres proyectan sobre nosotros los  sentimientos reprimidos de su infancia traumática y, sin darse cuenta, nos hacen culpables de cosas que en su día les sucedieron a ellos. Los padres, como el psiquiatra A de la historia de Brigitte, reaccionan a menudo de  forma ciega y destructiva porque se hallan en la realidad infantil sin haberlo comprendido. Tuvieron que esconderse de sus sentimientos para sobrevivir a la violencia de los golpes, las humillaciones y el desamparo y ahora se han convertido en esclavos de unas emociones que no pueden controlar porque no comprenden su sentido. Y no comprenden su sentido porque, igual que Adán y Eva en el paraíso, han dejado de ver la crueldad como amor, de seguir unos mandamientos incomprensibles y de permanecer ciegos hasta el final de sus días bajo la amenaza, muchas veces, del infierno o del purgatorio.
Por lo tanto, al niño se le prohíbe comprender la crueldad de sus padres y no puede darse cuenta de lo mucho que ello le ha torturado en los comienzos de su vida. Está obligado a creer que un niño no siente ningún dolor, que todo ha sucedido por su propio bien y que él mismo era culpable cuando tenía que sufrir. Y todo ello sólo por mantener en la sombra los actos de sus padres. Pero, como el cuerpo lo conserva todo, al llegar a adulto no puede desprenderse de este conocimiento y, aunque no sea consciente de él, domina su vida, su conducta, su manera de reaccionar a lo nuevo y, sobre todo, su relación con sus propios hijos.”

La madurez de Eva. Una interpretación de la ceguera emocional.
Ed. Paidós, Barcelona, 2002, Pg. 101-102
(ilustrad@r desconocid@)

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