11 noviembre 2013

La sabiduría inherente a la tradición [Bruno Bettelheim]

Con la desintegración de los modos tradicionales de la vida en familia y de la crianza de los niños, tras la urbanización y la industrialización masivas de nuestro siglo, hemos perdido la seguridad que en otro tiempo daban las antiguas costumbres y el crecer en el seno de una familia extensa, así como todas las otras experiencias que estos dos factores proporcionaban. Por esto ocurre ahora que la mayoría de las personas de clase media no han aprendido mucho, en su propia infancia, sobre el cuidado de los niños.

“Los libros que les dicen a los padres como deberían criar a sus hijos no son precisamente un fenómeno nuevo; a decir verdad, tienen una historia muy larga. Pero solo en este siglo, y en especial desde el decenio de 1950, han adquirido gran popularidad y numerosos padres han recurrido a ellos en busca de consejos y consuelo porque no estaban seguros de cómo debían afrontar los problemas que plantea la crianza de sus hijos. Con la desintegración de los modos tradicionales de la vida en familia y de la crianza de los niños, tras la urbanización y la industrialización masivas de nuestro siglo, hemos perdido la seguridad que en otro tiempo daban las antiguas costumbres y el crecer en el seno de una familia extensa, así como todas las otras experiencias que estos dos factores proporcionaban.

Por esto ocurre ahora que la mayoría de las personas de clase media no han aprendido mucho, en su propia infancia, sobre el cuidado de los niños. No ocurría así cuando las familias eran más numerosas y uno vivía cerca de sus parientes; entonces gran parte del cuidado de los niños se confiaba a sus hermanos o hermanas mayores, o a otro pariente joven como, por ejemplo, un primo o una tía o un tío que tenía unos cuantos años más y vivía con la familia o en la casa de al lado. Si no se disponía de parientes consanguíneos que pudieran hacerse cargo de los niños pequeños, entonces este papel lo asumían los hijos de los vecinos, como se acostumbraba a hacer en los pueblos. Cuando les llegaba el turno de ser padres, la mayoría de las personas habían aprendido lo suficiente como para llevar a cabo con seguridad la tarea de educar a sus propios hijos. Cuando necesitaban consejos, podían recurrir a sus propios padres y parientes, o al clérigo o al médico, en la confianza de que recibirían la ayuda necesaria.

Hoy día, sin embargo, los padres tienen la impresión de que se les exige mucho más para educar con provecho a sus hijos en un mundo complicado; asimismo, se ven obligados a asumir esta responsabilidad sin contar con mucha experiencia previa. Por desgracia, la distancia física y emotiva que con tanta frecuencia separa a las generaciones actuales puede inducir a los padres jóvenes a temer -a menudo con cierta justificación- que, al pedirles a sus padres que les aconsejen sobre la crianza de los hijos , reciban críticas junto con consejos que probablemente ya no parecerán apropiados.

Otro factor significativo es que muchas personas tienden a creer que los tiempos están cambiando con rapidez y que las investigaciones proporcionan constantemente nuevos conocimientos, por lo que sienten la necesidad de confiar en los expertos. La mejor forma de entender esta ansia de consejos «de experto» es examinarla en el contexto de la convicción de que no existen límites a lo que el hombre es capaz de conseguir cuando se esfuerza lo suficiente y se aplica a ello de maneras «científicas». La confianza en la ciencia corno fuente de progreso ha sustituido a la confianza más antigua en la sabiduría inherente a la tradición.”

No hay padres perfectos. El arte de educar a los hijos sin angustias ni complejos.
Ed. Crítica, Barcelona 1988, pág. 21-22
fotografía: Dave Brosha

1 comentario:

  1. Dado que la mayoría de nosotr@s no tenemos ni idea de lo que es un bebé real hasta que no lo tenemos en los brazos, ni de los retos que conlleva la m(a)aternidad en nuestra vida cotidiana, considero positivo leer sobre ello e informarnos. Informarnos no para aplicar a rajatabla métodos ajenos, sino para formarnos nuestro propio criterio y adaptarlo a nuestras circunstancias y a las de nuestra familia. Solo nosotr@s sabemos cual es la manera más adecuada de hacer las cosas para nosotros. Información si, pero ojo, siempre con criterio. ;-)

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