29 noviembre 2013

Desmadres, enmadres y comadres [Concepción Alba Romero, Isabel Aler Gay, Ibone Olza Fernández]

"Las mujeres continúan pagando un desproporcionado e inequitativo peaje sea cual sea la opción que adopten con respecto a la maternidad en un momento u otro de sus vidas, ya sea distanciándose (desmadres), ya sea acercándose (enmadres) o hermanándose (comadres) más de lo debido según los cánones patriarcales y capitalistas de los tiempos modernos, pues son hijas de un crimen-secuestro histórico, material y simbólico, que persiste: el matricidio o la negación de la autoridad creadora de las madres (Sau, 2004) y del reconocimiento de su trabajo de cuidados cotidianos."
"Comprender la evolución de la maternidad en la sociedad española desde las experiencias de las mujeres, requiere contextualizar la evolución de los discursos normativos dominantes y emergentes existentes al respecto, y evaluar el lugar que las vivencias de las madres actuales ocupan en ellos a partir de las posibles formas de articulación narrativa que han podido lograr o fracasar como estrategias de empoderamiento personal y colectivo. En el contexto histórico y político de la transición democrática hasta la actualidad, se suceden y cohabitan tres movimientos de mujeres cuyas posiciones -de desmadre, enmadre y comadre- con respecto a la maternidad, se comprenden mejor como estrategias interdependientes de empoderamiento social frente a la incapacitación política heredada.

En realidad se trata de tres posiciones discursivas y vitales que conforman el proceso inter-generacional de empoderamiento colectivo de la maternidad, pues al tiempo que se perfilan como tendencias predominantes entre diferentes colectivos y generaciones de mujeres que conviven hoy en la sociedad española, también se dan en singular combinación e intensidad como mudables tendencias predominantes o potenciales en cada mujer según las circunstancias más o menos sedentarias o nómadas de su trayectoria vital (Braidotti, 2004).


Las decisiones de desmadrarse, enmadrarse y comadrarse que toman las mujeres, reflejan diversas actitudes vitales de apertura y de cierre, de insumisión y sumisión en que la delgada línea roja que separa lo saludable de lo patológico, el empoderamiento de la incapacitación, se va perfilando día a día, mientras que lentamente se van tomando las riendas de la necesaria reescritura de una historia milenaria que ha cercado políticamente y vaciado socio-culturalmente la autoridad de las madres bajo el patriarcado.

Las mujeres continúan pagando un desproporcionado e inequitativo peaje sea cual sea la opción que adopten con respecto a la maternidad en un momento u otro de sus vidas, ya sea distanciándose (desmadres), ya sea acercándose (enmadres) o hermanándose (comadres) más de lo debido según los cánones patriarcales y capitalistas de los tiempos modernos, pues son hijas de un crimen-secuestro histórico, material y simbólico, que persiste: el matricidio o la negación de la autoridad creadora de las madres (Sau, 2004) y del reconocimiento de su trabajo de cuidados cotidianos.

Una autoridad truncada y trucada en los anales escritos de las ciencias por un modelo científico segregado, precisamente porque las madres trabajadoras don el testimonio más tangible de la necesidad de cuidar del vínculo indivisible entre individuo, naturaleza, sociedad y cultura.

Al inicio de la transición democrática tras la muerte del General Franco en 1975, el escenario de la maternidad era el resultado de cuarenta años de adoctrinamiento y legislación en el nacional-catolicismo de la dictadura franquista: el modelo de mujer es el de madresposa patriarcal sometida maritalmente como trabajadora doméstica a destajo, marginada políticamente de lo público salvo para propagar las obligaciones de tal servidumbre, por tanto, culturalmente devaluada y excluida científicamente al tiempo que sublimada religiosamente.

En este contexto, una tras otra, una junto otra, incluso una frente a otra, tres generaciones de mujeres a lo largo y ancho de la inconclusa transición democrática de la sociedad española, se van alternando el liderazgo de la vanguardia política feminista y del movimiento social de mujeres para denunciar y posicionarse sobre la conflictiva relación entre ciudadanía y maternidad, que se manifiesta en la creciente contradicción entre el ejercicio y disfrute de la ciudadanía (derechos sociales, laborales y económicos individuales) y la dedicación a la maternidad (a más de una –maternidad- menos de la otra –ciudadanía-), y que se traduce en la injusta y masiva brecha entre los cuidados que dan y los que reciben las madres hoy, a pesar de los cambios sociales habidos en la mejora de la situación social de las mujeres en España.

La coincidencia en el año 1975 de la muerte del General Franco y la declaración por la ONU del año internacional de la mujer para hacer visible la grave situación de opresión y discriminación en que viven la inmensa mayoría de las mujeres del planeta, aceleran una organización feminista en la que muchas mujeres eran militantes de la resistencia franquista en partidos políticos de izquierda (Nash, 2004; Varela, 2005).


Desmadres en los años 70/80 para lograr la igualdad democrática básica

En aquel contexto inicial de la transición democrática fue una prioridad feminista negarse a reproducir los modelos patriarcales de madres, sin plantearse directamente cómo cambiarlos, centrando las reivindicaciones en el derecho a elegir libremente la maternidad y por tanto también a rechazarla, y en la creación de centros de planificación familiar que lo garantizasen. Los desmadres de estas mujeres se deben al rechazo a convertirse en madresposas patriarcales como modelo dominante de mujer, planteando como reivindicaciones inmediatas la exigencia de libertad para las mujeres todavía encarceladas acusadas por delitos sexuales (adulterio, aborto, prostitución) derivados de los derechos de dominación de los hombres sobre sus cuerpos y sus tiempos a lo largo de sus vidas, y la promoción de sus derechos reproductivos, educativos y laborales secuestrados durante la dictadura franquista.

De hecho hasta la aprobación de la Constitución Española en 1978, cuya elaboración solo tuvo padres políticos, las mujeres estaban obligadas por ley a obtener permiso de sus maridos para poder trabajar fuera de casa. La obtención de credenciales educativas para la incorporación al mercado de trabajo centró la estrategia de liberación de la obligación conservadora de convertirse en madres-esposadas. Del deseo de maternidad se hablaba poco en positivo, y no era para menos, ya que el discurso feminista priorizó la necesaria denuncia, investigación y divulgación de los perversos mecanismos de una socialización forzosa para llegar a “desear” convertirse en madres esposadas.
A los desmadres de estas mujeres afines al feminismo de la igualdad, les debemos la insumisión básica: la negación de la maternidad como obligación y sometimiento al hombre. Su activista contribución política e intelectual ha sido la base fundamental para la redefinición de un estatuto político de igualdad de derechos entre hombres y mujeres, sobre la que se asienta la continuidad del proceso de liberación de las mujeres españolas de las siguientes generaciones.



Enmadres en los años 80/90: reconocer la autoridad cultural de genealogía materna 

Con la incorporación progresiva a las instituciones educativas y académicas como alumnas, profesoras e investigadoras, sobre todo a partir de los años ochenta, las mujeres feministas, militantes y académicas de los estudios de género, coinciden en la necesidad de reivindicar la importancia negada a la contribución cultural de las mujeres, de reconocer la autoridad creadora de las literatas, escritoras y pensadoras, científicas, artistas y políticas, y de rescatar del anonimato las relevantes contribuciones de las mujeres en la vida cotidiana de la historia social de los pueblos, todas ellas marginadas de la memoria histórica a pesar, o precisamente por, sus necesarias o adelantadas aportaciones sociales y políticas.

A estas mujeres les une la necesidad de enmadrarse en torno al reconocimiento del magisterio cultural de autoridad femenina. Son mujeres que comparten tanto el malestar derivado de una memoria ahuecada por la forzada y tergiversada ausencia de madres creadoras de cultura, como la decisión de reconstruir una memoria femenina devastada. Ellas activan la motivación de enmadrarse para investigar sobre la genealogía del liderazgo femenino, y hacen explícita la necesidad de reconocer la filiación cultural, ideológica y emocional para sentirse hijas simbólicas de una genealogía de mujeres reconocidas como madres creadoras de cultura.

Obras y legados culturales en los que se rastrean otras miradas alternativas a la devaluada contribución atribuida a las mujeres patriarcalmente madresposadas. Miradas y testimonios a los que dan luz públicamente para empoderarse colectivamente desde la órbita del feminismo de la diferencia.
Sin el trabajo político e intelectual del feminismo de la igualdad y del feminismo de la diferencia, la siguiente generación de mujeres comadres no podría articular la recuperación de otros sentidos de emancipación colectiva desde una mirada equitativa más integradora (la igualdad de la diferencia) en la órbita del ecofeminismo.


Comadres en los 90/2000: recuperar la auto-regulación del proceso de maternidad

“Las comadres de hoy son mujeres que como madres insumisas protagonizan un movimiento social todavía minoritario pero creciente, de un activismo de alta intensidad personal y profesional en las implicaciones materiales, emocionales y morales de los cuidados de las criaturas; son mujeres que viven con conciencia de género sus procesos de transformación en madres, en los que experimentan y comparten el placer y el dolor desde las entrañas, a causa del estrés al que progresivamente se somete el complacer humano ya no sólo en la concepción, sino en la gestación, el nacimiento y la crianza porque son procesos en los que las comadres encarnan las vivas contradicciones de la (prohibida) interdependencia biológica, social y cultural de vida humana; son mujeres que intentan recuperar el sentido de lo sentido –culturalmente ocultado- en la sexualidad reproductiva al expresar colectivamente sus “co-razones” de madres en la relación con sus hijos/as en contextos patriarcapitalistas; son comadres insumisas porque habiendo recobrado en gran parte su voz como mujeres, salen al encuentro personal y colectivo, presencial y virtual –internet- de sus voces como madres y de las voces silenciadas de otras madres” (Aler, 2009).

Las mujeres de la generación comadre son hijas de una doble filiación sin cuya amasada herencia no hubieran podido generar lo que de hecho depende de las condiciones de legitimidad política y socio-cultural logradas por las mujeres feministas con sus desmadres para el reconocimiento de la igualdad política, y sus enmadres para el reconocimiento de la diferencia cultural con respecto a los hombres patriarcales.

Las feministas de la igualdad y de la diferencia con sus insumisiones hacia la incapacitación social derivada del modelo de una mujer madre-esposada anulada políticamente y devaluada culturalmente, dejan un legado político y cultural fundamental del que parten las mujeres comadres: a) el reconocimiento social y el estatuto político como mujeres con derechos individuales propios sin la obligación de tener que transformarse en madresposas, y b) el reconocimiento público de la autoridad de las mujeres como (madres) creadoras de cultura.

A partir de este legado insumiso emergen alrededor de los años noventa diversos colectivos de comadres insumisas que reivindican no solo la opción de no desear una maternidad patriarcal madre esposada, sino el deseo de maternidad como una opción matricial de mujeres libres que eligen pareja (o renuncian a ella), con la que (o sin la que) desean transformarse en madres libres.

Las comadres son mujeres que afrontan tradicionales y modernas contradicciones de la maternidad, y se inician en un proceso de transformación como madres con el deseo de liberar y dejarse sentir las ambivalentes emociones, unas veces tan patriarcales y otras tan matriciales que ya se permiten verbalizar y visibilizar personal y colectivamente al dotarse recíprocamente de autoridad cultural para narrar-se-las.”


capítulo 2.4 Desmadres, enmadres y comadres entre las mujeres españolas en democracia
autoras: Concepción Alba Romero, Isabel Aler Gay, Ibone Olza Fernández.
Editado por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad  
Madrid 2012 pág. 86-90

fotógrafo: Jock Sturges
 

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