03 noviembre 2013

A.P.E.G.O. [Naomi Aldort]

“Aislarse del comportamiento y emociones del niño hablando en silencio con uno mismo; Prestar atención al niño; Escuchar lo que el niño dice o lo que sus acciones indi¬can; Garantizar la validación de los sentimientos y las ne¬cesidades que expresa el niño sin dramatizar y sin añadir su propia percepción; Otorgar poder al niño para que resuelva su propio dis¬gusto apartándose de su camino y confiando en él.”
"Muchos padres me piden palabras concretas que les ayuden a cambiar de la negación a la validación. La fórmula A.P.E.G.O. puede ser una buena herramienta para ayudarle a realizar el cambio hacia la afirmación de las experiencias del niño para dejar que viva sus emociones y actúe con autenticidad y poder.

A - Aislarse del comportamiento y emociones del niño hablando en silencio con uno mismo. Este es el paso más difícil; cuando sea capaz de darlo, el resto será coser y cantar. Obser­ve que cuando la acción del niño provoca su reacción, su mente le trae palabras a la boca. Es como un ordenador: el niño hace algo y se abre una ventana automáticamente en su mente. Esto sería algo inofensivo si usted no leyera en voz alta lo que dice el texto de la ventana. Si está usted disgustado, es un error de­cirlo o hacerlo y sólo agravará la situación. No es algo que de­see usted decir. No representa su verdadera intención y no es, por tanto, auténtico. La prueba de que no lo es, es que más tar­de se arrepentirá usted de sus palabras y acciones y levantarán muros entre usted y su hijo.
Para evitar herir al niño, lea las palabras de la ventana au­tomática mentalmente. Preste atención a las palabras que ca­si pronuncia y deje que su expresión ocurra en el interior de su mente, incluyendo imágenes, acciones que desea tomar o re­cuerdos del pasado. Esto lleva menos de un minuto y no hace daño a nadie. Lo que sienta le pertenece sólo a usted y no es ra­zón para actuar ni expresarlo. Pertenece al pasado y no refleja la persona que es usted en el presente.
Al principio, esta investigación de sus propios pensamien­tos puede precisar más de un minuto. Empiece sólo prestando atención a los pensamientos y dejando que afloren. Anótelos para poder trabajar con ellos más tarde. Con el tiempo, ejer­cerá un mayor control sobre su mente y podrá realizar todo el proceso enseguida.

Investigación de pensamientos:
· Compruebe la validez de las palabras que emanan de su ira, preocupación o crítica. ¿Son realmente palabras suyas? ¿Las cree de verdad? Pensamientos como "Nunca aprenderá", "No debería comportarse así", o "Debería ser más responsable" son viejas grabaciones con las que tal vez ni siquiera esté de acuerdo. Quizás sea lo que otros dicen; quizás sean sus propios miedos, sus recuerdos, o sus propias aspiraciones. De una forma u otra, se interponen en el camino de su capacidad para amar y comprender a su hijo tal cormo es.
· Observe Io que le hacen estos pensamientos cuando se los torna en serio. Observe en su mente cómo trata a su hijo cuando obedece el pensamiento.
· Plantéese quién sería usted si el pensamiento no le pasara por la cabeza. Sin el pensamiento, es usted libre de responder a su hijo en lugar de responder a su verbosidad mental. Intente imaginar la misma situación con su hijo, sin el pensamiento que le conduce a la negación y el control. El pensamiento no desaparecerá. Guárdelo. Sólo imagine quién es usted sin él. Sin el pensamiento limirador, su personalidad real, de amor incondicional, emergerá.
· Compruebe si lo que afirma su mente de su hijo es cierto también si se lo aplica a usted. Habitualmente vernos en los demás cosas que necesitamos oír nosotros. "No debería comportarse así" se transforma en "No debería comportarme así... con mi hijo". "Nunca aprenderá" puede ser un aviso para examinar su aprendizaje como padre, y "Debería ser más responsable" puede ser la mejor guía para su capacidad de ser responsable de sus reacciones mentales además de tos demás componentes de su vida.

Una vez sea consciente de los pensamientos que le inducen a error, descubrirá que usted es amor incondicional; en lugar de quedar atrapado en su ansiedad, estará junto al niño armado únicamente con su amor corno siempre fue y es. Al deshacerse de la maraña de pensamientos, su verdadero ser, su amor, relu­ce y esta luz le permite ver a su hijo.

P — Prestar atención al niño. Después de investigar en si­lencio la conversación dentro de su mente (que no tiene nada que ver con el niño), dirija su atención y su monólogo interior a su hijo.

E — Escuchar lo que el niño dice o lo que sus acciones indi­can; y luego escuchar de nuevo. Establezca contacto visual con su hijo y formule preguntas que le den la oportunidad de ha­blar, o si el niño no se expresa verbalmente, que le den a en­tender que usted le comprende.

G — Garantizar la validación de los sentimientos y las ne­cesidades que expresa el niño sin dramatizar y sin añadir su propia percepción. Cuando se tiene éxito, se establece una conexión con el niño y uno se siente presente y auténtico.

O — Otorgar poder al niño para que resuelva su propio dis­gusto apartándose de su camino y confiando en él. Demuestre que confía en sus recursos sin ponerse nervioso ni apresurarse en resolver la situación. Los niños encuentran sus propias pe­ticiones, soluciones e ideas cuando se sienten capaces, que se confía en ellos y están libres de las expectativas o emociones de los padres. Los sentimientos se interponen en la capacidad de actuar. Una vez se han expresado los sentimientos, el niño recupera su libertad y concentración y, o bien se desprende de la necesidad que tenía, o bien encuentra soluciones. De forma rápida y natural, hará lo que usted ha hecho con la investiga­ción de pensamientos.
Clint, de nueve años, lloraba porque su herma­na Joy no quería acabar la partida de Monopolly con él. "Quiero acabar la partida. Estaba a punto de ganar", gritó.
Su madre estaba a punto de imponer "justicia", pero se tomó su tiempo para aislar su reacción personal de la disputa de sus hijos y llevó a cabo su ais­lamiento de la situación mentalmente (la A de A.P.E.G.0.), Se imaginó a sí misma gritándole a Joy, llamándole desconsiderada y ordenándole que acabara la partida. Luego examinó sus pensamien­tos y vio que no representaban la verdad; su hija no es desconsiderada y su asertividad es una cualidad. Entonces pudo abandonar el pensamiento y pasó a Prestar atención (P) a Clint y a Escucharle (E).
"Estabas contento porque parecía que ibas a ga­nar y ahora te sientes decepcionado porque no has podido terminar el juego, no?”
"Estoy enfadado. Quiero acabar la partida", insintió Clint
"De modo que tú quieres acabar la partida y Joy no quiere seguir jugando ."
"Estaba a punto de ganar, por eso no quiere se­guir jugando", dijo Clint.
Ella siguió validando y escuchando las palabras de Clint, pero no cambiando la realidad. Otorgó poder al niño al no implicarse e intentar arreglar la realidad como diciendo: "Te escucho, veo el pro­blema, y sé que puedes arreglarlo".
Al cabo de un rato Clint había terminado e inició una conversación distinta.
Clint fue escuchado. Se sintió conectado con su madre, que había validado sus sentimientos y repe­tido los hechos basándose en la percepción del ni­ño. La madre no añadió dramatismo; no mezcló sus emociones ni opiniones. Su confianza y presencia hicieron posible que Clint superase la situación."

"Aprender a educar sin gritos amenazas ni castigos"
Ediciones Medio, 2009, pág. 8-11



2 comentarios:

  1. Antes de intentar inculcar ningún hábito en los niños, deberíamos inculcar en nosotros mismos el hábito de la autoobservación. Si conseguimos ser conscientes de los tics automáticos que nos saltan cuando nos relacionamos con ellos, veremos que la mayor parte de las veces nuestro enfado no tiene tanto que ver con lo que ellos han podido hacer o dejar de hacer, sino con nuestras creencias y nuestros "deberías".

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  2. muchas gracias por esta transcripción y por la observación de nuestros automáticos. Lo siento vital.
    Un abrazo
    Andrea

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