31 octubre 2013

creando espacios

Trabajando dentro y fuera de casa y con un niño de tres años el tiempo libre es un bien escaso. Y un blog necesita de mimo y tiempo. Me había dicho que no volvería a escribir en un tiempo y sin embargo…

Durante estos años he ido encontrando un montón de información sobre crianza. Libros, conferencias, artículos, blogs me han acompañado, y me acompañan, durante mi maternidad. Me han abierto puertas a habitaciones inexploradas, han despertado semillas que había dormidas, han puesto palabras a sentimientos que no sabía nombrar. Han dejado de ser palabras ajenas para convertirse en parte de mí.
Y ahora me queman en las manos. Ahora, que me estoy cruzando con madres que recién inician este sendero, no quiero ni puedo quedármelas para mí. Siento que es necesario traspasar estos conocimientos, dejarlos volar para que alimenten otras experiencias, para que sigan creando vida.

Hay algo más que me impulsa a crear este espacio.  Verás, desde que era pequeña he sentido que vivía en un mundo injusto y violento. Había muchas cosas que no entendía, y que sigo sin entender. Al mismo tiempo algo me decía que culpar a “el mundo” no servía de nada. Al fin y al cabo este mundo lo construimos entre todos, y cada uno de nosotros somos responsables.
Esta sensación me ha abrumado durante años, me parecía una empresa tan inmensa que no sabía ni por donde comenzar ¿Qué podía hacer yo para cambiar el mundo? ¿Cómo contribuir a que fuera un lugar más habitable?.
Pues bien, he encontrado un resquicio en mi particular matrix: la crianza.

La maternidad y la crianza han resultado ser para mí el lugar donde, como por arte de magia, han encajado todas las piezas de mi puzle vital.
Un espacio íntimo y acogedor donde se entremezclan fluidamente y cobrando nuevas dimensiones la feminidad, la sociedad, la política, la cultura, la economía, la creatividad, la vitalidad, la sexualidad, la afectividad, la trascendencia, el autoconocimiento… la humanidad.
Este descubrimiento, de que algo tan aparentemente insignificante y tan cotidiano como la crianza de los hijos es un poderoso motor que puede cambiar el mundo, me ha dejado impactada.
Me ha devuelto la voz, la fuerza y la alegría. He reconquistado el coraje de esa niña que fui y que aun sabiéndose pequeña, soñaba grande. Ella y yo, hija y madre, niña y mujer, ahora juntas de nuevo, con palabras propias y ajenas, queremos aportar desde este rincón nuestro granito de arena  en la creación de ese mundo que ahora sabemos posible.
Así que aquí estoy de nuevo. Sueña y teje conmigo si te apetece.

ika tawa
una de los antiguos niños

ilustración: Joan Turu
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30 octubre 2013

una de los antiguos niños [Christiane Rochefort]

“Dado que las mujeres y los no-blancos han protestado con suficiente fuerza, se ha consentido finalmente en otorgarles el estatuto de oprimidos. Pero todavía no se piensa en los niños, porque callan.
De todos los oprimidos que poseen el don de la palabra, los niños son los más mudos.
Los gritos y el furor que emanan del grupo no son considerados una protesta inarticulada, sino un hecho natural: los niños, ya se sabe, gritan. Sin embargo, ningún ser grita sin motivo.
“Los niños” (la única definición precisa y aceptable del término es la de la ley: personas de 0 a 18 años) carecen de medios para expresarse. Tampoco se les invita a hacerlo, ya que las decisiones que les conciernen se toman sin preguntarles su parecer.
Creen que no saben nada, ya que se les llama ignorantes a pesar de que reciben instrucción durante seis horas diarias. Y por encima de todo, no se atreven a levantar la voz, ya que su supervivencia depende totalmente de los adultos, que no permiten que sus Obras se pongan en cuestión, estas obras que son la obligada herencia de las personas que hoy son jóvenes, y mudas.
Los adultos hablan por los niños, como los blancos hablaban antes por los negros, y los hombres por las mujeres. Es decir, por arriba y desde fuera.
Entre los adultos que hablan como quieren de los niños, y los niños que no pueden hablar por ellos mismos, la vía es angosta. Y la mixtificación funciona.
Sin embargo, habría que buscar una salida.
Porque, después de todo, ser “adulto” sólo es una elección, mediante la cual se olvida, y se traiciona. Todos nosotros somos antiguos niños. No todo el mundo está obligado a olvidar. Y en esta peligrosa situación a la que nos ha conducido el ciego juego adulto, y a la que se quiere conducir a los más jóvenes, un número cada vez mayor de antiguos niños que no han perdido la memoria se sienten obligados a ponerse urgentemente del lado de los niños.
Si se ha vivido mucho tiempo en la ciudad, se conoce perfectamente la mecánica del juego adulto. Puede descubrirse el mecanismo.
Como antigua niña que ha conservado la memoria, me acuerdo de que la dependencia nos ponía una mordaza, que la educación nos vendaba los ojos, imponiéndonos no sólo conductas sino formas de sentir conformes al proyecto adulto que invalidaban nuestra propia experiencia.
Podemos decirlo, y la experiencia confirmarlo. No se habla desde fuera "acerca" de los niños, se habla desde dentro, y de uno mismo.
Este no pretende ser un trabajo objetivo. Pero es que los niños no son objetos.
En este estrecho margen sitúo mi intento: hay que empezar en algún sitio.
Esto implica que, si no como niño, sí como antiguo niño hay que leer lo que sigue.
Una de entre los antiguos niños.

"Les enfans d'abord"
imagen extraída del video clip "Glósóli" de Sigur Rós
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